prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay horas cuando el papel higiénico es el dios de la casa,
madrugadas en charcos, segmentadas
por la misma razón que hace que las lágrimas
sean un principio del olvido.
Uno se abriga con sus deudas y recorre las calles del paro
porque uno prefiere no llorar para no malherir el agua,
uno va siguiendo las bolsas plásticas llevadas por el viento
a estallar en los grafitos que advierten una revolución cancelada.
La cegadora voz de los mendigos, la que nos obliga tener siempre puestas
las gafas de la indiferencia, la que advierte
que los guantes de la cordura están hechos con la piel revolcada del erizo.
Recogiendo las pertenencias de ese siglo trovador de ocasos.
¿Quien puso en el vientre de las madres tanta impotencia?
El tiempo se hizo esclavo de los antónimos de la vida.
El tiempo ha vuelto ser negro
como un árbol quemado por el fuego
que sirve para camuflar los cuervos.
madrugadas en charcos, segmentadas
por la misma razón que hace que las lágrimas
sean un principio del olvido.
Uno se abriga con sus deudas y recorre las calles del paro
porque uno prefiere no llorar para no malherir el agua,
uno va siguiendo las bolsas plásticas llevadas por el viento
a estallar en los grafitos que advierten una revolución cancelada.
La cegadora voz de los mendigos, la que nos obliga tener siempre puestas
las gafas de la indiferencia, la que advierte
que los guantes de la cordura están hechos con la piel revolcada del erizo.
Recogiendo las pertenencias de ese siglo trovador de ocasos.
¿Quien puso en el vientre de las madres tanta impotencia?
El tiempo se hizo esclavo de los antónimos de la vida.
El tiempo ha vuelto ser negro
como un árbol quemado por el fuego
que sirve para camuflar los cuervos.