Era imposible no describirte.
Había un ambiente prestó a darle vida a esa armadura de color plata.
Tú viste como la aterciopelada sierpe mascó nuestra esperanza.
Dulces bóvedas guardaron el coraje hasta desgastarlo.
Éramos jóvenes aún.
Con el rabillo del ojo atisbamos la vuelta de tuerca.
Había crecido en forma y en sentido nuestro panel de flaquezas.
Ya ni siquiera importaban nuestros generales, el filo de mi cimitarra comprendió a tiempo el golpe a propinar.
Ya te siento en mis palabras, como espejo de incontables madrugadas.
Había un ambiente prestó a darle vida a esa armadura de color plata.
Tú viste como la aterciopelada sierpe mascó nuestra esperanza.
Dulces bóvedas guardaron el coraje hasta desgastarlo.
Éramos jóvenes aún.
Con el rabillo del ojo atisbamos la vuelta de tuerca.
Había crecido en forma y en sentido nuestro panel de flaquezas.
Ya ni siquiera importaban nuestros generales, el filo de mi cimitarra comprendió a tiempo el golpe a propinar.
Ya te siento en mis palabras, como espejo de incontables madrugadas.