Francisco Ruzafa .
Poeta asiduo al portal
Ella me quiso tanto.
Devolvió mis besos
e hizo de nuestro querer
un encanto.
Ella peino los inviernos,
con cenizas en el hogar.
Y en el dormitorio ,
junto a la ventana...
Justo al amanecer.
Se mezcla el aroma a café
con los primeros juegos de la mañana.
Silencio en la mirada,
y una delicada sonrisa
de complicidad en el desayuno.
Era un sábado de fiesta.
Y ella esperaba siempre mi respuesta.
Cariño que buscan las manos,
las frases que vuelan.
Ese abrazo que te deja rendido,
meciendo tu cuerpo y el mio
bajo las estrellas
de un universo encendido
en el horizonte de
nuestra vieja candela.
Sombras de un candil
que funde las horas
y las llena de cálido amor.
Para un beso que se devuelve
con el corazón galopando
entre dunas de tu cuerpo
y la sed de mis labios.
Hoy supe del amor.
Intente decirtelo.
Pero tu escuchabas el televisor.
La caja tonta y triste de ésta historia.
Devolvió mis besos
e hizo de nuestro querer
un encanto.
Ella peino los inviernos,
con cenizas en el hogar.
Y en el dormitorio ,
junto a la ventana...
Justo al amanecer.
Se mezcla el aroma a café
con los primeros juegos de la mañana.
Silencio en la mirada,
y una delicada sonrisa
de complicidad en el desayuno.
Era un sábado de fiesta.
Y ella esperaba siempre mi respuesta.
Cariño que buscan las manos,
las frases que vuelan.
Ese abrazo que te deja rendido,
meciendo tu cuerpo y el mio
bajo las estrellas
de un universo encendido
en el horizonte de
nuestra vieja candela.
Sombras de un candil
que funde las horas
y las llena de cálido amor.
Para un beso que se devuelve
con el corazón galopando
entre dunas de tu cuerpo
y la sed de mis labios.
Hoy supe del amor.
Intente decirtelo.
Pero tu escuchabas el televisor.
La caja tonta y triste de ésta historia.