César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay momentos en que nada te interesa. Ni el partido de beisbol o futbol, ni tu hogar, ni la calle. Únicamente quisieras hundir tu cuerpo en el sol o en la polifonía de las olas del mar mientras te lloran los ojos por pretender fijarlos en un horizonte que quema: rojo como brasa y con pelícanos hurgando el último resquicio de tarde a vuelo lento, antes de ir a dormir donde solo ellos saben.
Quizás en ese instante no te importe tanto el dolor de la laja que corta tu pie, o la posibilidad de que tus pulmones se llenen de agua y dejes al fin de respirar, entre azul marino de tarde que muere y estrellas nacientes de la noche recién encendida. Ni te causará preocupación o pena volver a ser reptil, alga, ser unicelular, caldo primario de la vida… o devolverte a la nada (de cualquier manera, tu carne marcha hacia esa nada que a la vez son nuevas entidades).
Posiblemente por un rato desees ser balsa para gaviotas y pelícanos cansados, sobre las olas del mar, o alimento para seres que siempre están hambrientos. Y ya es la noche. Y ya te quedas solo… con el regusto amargo en las papilas conscientes del adentro, muy adentro, donde duele.
No alargaré más esto: es tan solo un domingo más que muere; una semana más y una menos de vida. Un gran hueco en el alma.
Quizás en ese instante no te importe tanto el dolor de la laja que corta tu pie, o la posibilidad de que tus pulmones se llenen de agua y dejes al fin de respirar, entre azul marino de tarde que muere y estrellas nacientes de la noche recién encendida. Ni te causará preocupación o pena volver a ser reptil, alga, ser unicelular, caldo primario de la vida… o devolverte a la nada (de cualquier manera, tu carne marcha hacia esa nada que a la vez son nuevas entidades).
Posiblemente por un rato desees ser balsa para gaviotas y pelícanos cansados, sobre las olas del mar, o alimento para seres que siempre están hambrientos. Y ya es la noche. Y ya te quedas solo… con el regusto amargo en las papilas conscientes del adentro, muy adentro, donde duele.
No alargaré más esto: es tan solo un domingo más que muere; una semana más y una menos de vida. Un gran hueco en el alma.
Finales de junio y acantilados... / 2015 / César Guevar