No es momento de sonetos ni aventuras
ni de cánticos alados de esperanza,
se ha marchado para siempre la bonanza
olvidando conjurar las amarguras.
¿Qué razones enconadas de censuras
son capaces de arruinar nuestra templanza,
tanto tiempo que se pierde en lontananza
nuestro escaso reservorio de corduras?
Acostado en el diván del desatino
me flagelo con lectura y con cafés
mientras pienso con temor en el destino.
El camino que antes era de pavés
es ahora barrizal de lodo fino
que mancilla los zapatos y los pies.
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