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María Baena

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Miembro del JURADO DE LA MUSA
Hoy, la flor de los amarilis,

blanca aún,

entre sus hojas intensamente verdes

la he descubierto;

como flecha luminosa

me señala que acabó el invierno.

Y yo me alegro,

reviso todas las macetas

al encuentro de más primavera,

de más vida surgiendo,

me siento inquieta por mi encuentro,

y noto

que, antes que yo, ellas lo saben.

He salido una y otra vez a la terraza,

he abierto las ventanas

esperando que el sol que no veo

penetre.

Algún rayo débil y vergonzoso

roza a los claveles,

asustado aún del frío tenue

que pinta al cielo gris.

Pero las flores fueron valientes,

y arremetieron contra el plomo pardo que las rodea

e impusieron sus colores

para regalarme su primicia

llenas de ternura,

y me contaron sueños

cargados de olores débiles aún,

pero pujando en capullos pequeños,

como la alegría de mi cuerpo

haciéndose fuerte

y delicada a un tiempo,

como la vida misma

enroscada en sí

para poder florecer

cada simiente.
 
Hoy, la flor de los amarilis,

blanca aún,

entre sus hojas intensamente verdes

la he descubierto;

como flecha luminosa

me señala que acabó el invierno.

Y yo me alegro,

reviso todas las macetas

al encuentro de más primavera,

de más vida surgiendo,

me siento inquieta por mi encuentro,

y noto

que, antes que yo, ellas lo saben.

He salido una y otra vez a la terraza,

he abierto las ventanas

esperando que el sol que no veo

penetre.

Algún rayo débil y vergonzoso

roza a los claveles,

asustado aún del frío tenue

que pinta al cielo gris.

Pero las flores fueron valientes,

y arremetieron contra el plomo pardo que las rodea

e impusieron sus colores

para regalarme su primicia

llenas de ternura,

y me contaron sueños

cargados de olores débiles aún,

pero pujando en capullos pequeños,

como la alegría de mi cuerpo

haciéndose fuerte

y delicada a un tiempo,

como la vida misma

enroscada en sí

para poder florecer

cada simiente.
Ensimismacion en esa plena naturaleza que
despeinada de primavera dieron emocion
para congratular esos espacios tristres y
bañados de recuerdos. el entorno como
un renacer se se asocia ese universo que
busca un ejercicio de constantes alejadas
de la melancolia.
felicidades. bellissimo de veras. saludos
luzyabsenta
 
Hoy, la flor de los amarilis,

blanca aún,

entre sus hojas intensamente verdes

la he descubierto;

como flecha luminosa

me señala que acabó el invierno.

Y yo me alegro,

reviso todas las macetas

al encuentro de más primavera,

de más vida surgiendo,

me siento inquieta por mi encuentro,

y noto

que, antes que yo, ellas lo saben.

He salido una y otra vez a la terraza,

he abierto las ventanas

esperando que el sol que no veo

penetre.

Algún rayo débil y vergonzoso

roza a los claveles,

asustado aún del frío tenue

que pinta al cielo gris.

Pero las flores fueron valientes,

y arremetieron contra el plomo pardo que las rodea

e impusieron sus colores

para regalarme su primicia

llenas de ternura,

y me contaron sueños

cargados de olores débiles aún,

pero pujando en capullos pequeños,

como la alegría de mi cuerpo

haciéndose fuerte

y delicada a un tiempo,

como la vida misma

enroscada en sí

para poder florecer

cada simiente.
El primer asomo de la primavera en tus manos y en un bello poema que la hace sentir, me ha gustado mucho, saludos cordiales.
 
Muy vívido, serenamente nostálgico, me agradó la secuencia de tus versos, y las imágenes.
Saludos :)
 

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