Hoy, la flor de los amarilis,
blanca aún,
entre sus hojas intensamente verdes
la he descubierto;
como flecha luminosa
me señala que acabó el invierno.
Y yo me alegro,
reviso todas las macetas
al encuentro de más primavera,
de más vida surgiendo,
me siento inquieta por mi encuentro,
y noto
que, antes que yo, ellas lo saben.
He salido una y otra vez a la terraza,
he abierto las ventanas
esperando que el sol que no veo
penetre.
Algún rayo débil y vergonzoso
roza a los claveles,
asustado aún del frío tenue
que pinta al cielo gris.
Pero las flores fueron valientes,
y arremetieron contra el plomo pardo que las rodea
e impusieron sus colores
para regalarme su primicia
llenas de ternura,
y me contaron sueños
cargados de olores débiles aún,
pero pujando en capullos pequeños,
como la alegría de mi cuerpo
haciéndose fuerte
y delicada a un tiempo,
como la vida misma
enroscada en sí
para poder florecer
cada simiente.
blanca aún,
entre sus hojas intensamente verdes
la he descubierto;
como flecha luminosa
me señala que acabó el invierno.
Y yo me alegro,
reviso todas las macetas
al encuentro de más primavera,
de más vida surgiendo,
me siento inquieta por mi encuentro,
y noto
que, antes que yo, ellas lo saben.
He salido una y otra vez a la terraza,
he abierto las ventanas
esperando que el sol que no veo
penetre.
Algún rayo débil y vergonzoso
roza a los claveles,
asustado aún del frío tenue
que pinta al cielo gris.
Pero las flores fueron valientes,
y arremetieron contra el plomo pardo que las rodea
e impusieron sus colores
para regalarme su primicia
llenas de ternura,
y me contaron sueños
cargados de olores débiles aún,
pero pujando en capullos pequeños,
como la alegría de mi cuerpo
haciéndose fuerte
y delicada a un tiempo,
como la vida misma
enroscada en sí
para poder florecer
cada simiente.