Alarido
Poeta asiduo al portal
Delirio de hierro y carbono.
No hay manos para tanto sable.
Como se fragua el acero, así,
así se fragua la barbarie.
De agotadas lágrimas, ojos en rojo.
De ver tanta, pero tanta sangre.
De tristes vidas, de ausencias.
De no reaccionar al penar inconsolable.
Del hambre, de la miseria.
De ser testigos demenciales.
Mudos. Templados. Imperturbables.
Así, así se aviva la llama.
La que inflamará el mundo
más pronto que tarde.
Y así se forja, bañada
en el fuego de nuestro sino,
la desidia cobarde.
Infatigable virus, exponencial,
incontrolable.
De duras consecuencias,
como el acero,
hacernos inoxidables.
(que lejos queda todo aquello
de tomar partido hasta mancharse)
No hay manos para tanto sable.
Como se fragua el acero, así,
así se fragua la barbarie.
De agotadas lágrimas, ojos en rojo.
De ver tanta, pero tanta sangre.
De tristes vidas, de ausencias.
De no reaccionar al penar inconsolable.
Del hambre, de la miseria.
De ser testigos demenciales.
Mudos. Templados. Imperturbables.
Así, así se aviva la llama.
La que inflamará el mundo
más pronto que tarde.
Y así se forja, bañada
en el fuego de nuestro sino,
la desidia cobarde.
Infatigable virus, exponencial,
incontrolable.
De duras consecuencias,
como el acero,
hacernos inoxidables.
(que lejos queda todo aquello
de tomar partido hasta mancharse)
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