Insignificancia

marquelo

Negrito villero
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Este es el firmamento extremo de la vida
la línea que desagua todos los recuerdos acumulados
en la bóveda secreta de la retina
donde el cuerpo se ventila con esos aires de movimiento tardío
de primavera penitente
y todas las hojas de las manos caen como ya leídas
como usadas
para dormir bajo ese humo espeso de la tiranía en las paredes
y nos quedamos
quietos,
como estúpidos trantando de atrapar alguna línea que se desprende del delirio.
Somos tan insignificantes
tan quebradizos
que no nos imaginamos
como nos menea la marea en el sueño,
en la pesadilla que ahoga toda esa calma
que tiene la penitencia fetal en las
camas
y Dios lo sabe, pero se queda quieto, estático,
como una sombra fantasma que se ve en nuestro miedo
en nuestros codos con sed en nuestra inocencia de error
pero aún así nos creemos tan altos tan inconmensurables
y creemos ( como receta de cocina)
que todo el día trabaja para nosotros que somos el titulo más brillante de las marquesinas
que toda soberbia no alcanza a nuestros pies y es ella quien nos lleva como perros
con la soga al cuello
como un tormento sanguinoliento de venas y semen entre los bares.
Ahora se me acusa de no morir
de no quebrarme ante la fauna más hambrienta del otoño
de consumir todos los sensacionalismos en los ojos
de crecer en las cloacas
y no mantenerme firme en los semáforos.
pero he muerto
me he quebrado en todas las estaciones
y he consumido toda la tinta del morboso
en mi insignificancia
en mi relatividad
todos los semáforos me han guiñado para tropezar, para caer
en todos los abismos
tan fácil, tan dócilmente
que mi fuerza mi soberbia solo ha servido para construir
la celda más hermosa del miedo
para sentir la real bofetada de aire
de Dios
y caer con mi soberbia
en el seno más grande de la tierra.
 
Última edición:
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Este es el firmamento extremo de la vida
la línea que desagua todos los recuerdos acumulados
en la bóveda secreta de la retina
donde el cuerpo se ventila con esos aires de movimiento tardío
de primavera penitente
y todas las hojas de las manos caen como ya leídas
como usadas
para dormir bajo ese humo espeso de la tiranía en las paredes
y nos quedamos
quietos,
como estúpidos trantando de atrapar alguna línea que se desprende del delirio.
Somos tan insignificantes
tan quebradizos
que no nos imaginamos
como nos menea la marea en el sueño,
en la pesadilla que ahoga toda esa calma
que tiene la penitencia fetal en las
camas
y Dios lo sabe, pero se queda quieto, estático,
como una sombra fantasma que se ve en nuestro miedo
en nuestros codos con sed en nuestra inocencia de error
pero aún así nos creemos tan altos tan inconmensurables
y creemos ( como receta de cocina)
que todo el día trabaja para nosotros que somos el titulo más brillante de las marquesinas
que toda soberbia no alcanza a nuestros pies y es ella quien nos lleva como perros
con la soga al cuello
como un tormento sanquinoliento de venas y semen entre los bares.
Ahora se me acusa de no morir
de no quebrarme ante la fauna más hambrienta del otoño
de consumir todos los sensacionalismos en los ojos
de crecer en las cloacas
y no mantenerme firme en los semáforos.
pero he muerto
me he quebrado en todas las estaciones
y he consumido toda la tinta del morboso
en mi insignificancia
en mi relatividad
todos los semáforos me han guiñado para tropezar, para caer
en todos los abismos
tan fácil, tan dócilmente
que mi fuerza mi soberbia solo ha servido para construir
la celda más hermosa del miedo
para sentir la real bofetada de aire
de Dios
y caer con mi soberbia
en el seno más grande de la tierra.



Otra hermosura que quedó en el olvido..., cuánto me alegro de haber naufragado hoy por tus tesoros.

Seguiré haciendo inmersiones.

Palmira
 
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Este es el firmamento extremo de la vida
la línea que desagua todos los recuerdos acumulados
en la bóveda secreta de la retina
donde el cuerpo se ventila con esos aires de movimiento tardío
de primavera penitente
y todas las hojas de las manos caen como ya leídas
como usadas
para dormir bajo ese humo espeso de la tiranía en las paredes
y nos quedamos
quietos,
como estúpidos trantando de atrapar alguna línea que se desprende del delirio.
Somos tan insignificantes
tan quebradizos
que no nos imaginamos
como nos menea la marea en el sueño,
en la pesadilla que ahoga toda esa calma
que tiene la penitencia fetal en las
camas
y Dios lo sabe, pero se queda quieto, estático,
como una sombra fantasma que se ve en nuestro miedo
en nuestros codos con sed en nuestra inocencia de error
pero aún así nos creemos tan altos tan inconmensurables
y creemos ( como receta de cocina)
que todo el día trabaja para nosotros que somos el titulo más brillante de las marquesinas
que toda soberbia no alcanza a nuestros pies y es ella quien nos lleva como perros
con la soga al cuello
como un tormento sanguinoliento de venas y semen entre los bares.
Ahora se me acusa de no morir
de no quebrarme ante la fauna más hambrienta del otoño
de consumir todos los sensacionalismos en los ojos
de crecer en las cloacas
y no mantenerme firme en los semáforos.
pero he muerto
me he quebrado en todas las estaciones
y he consumido toda la tinta del morboso
en mi insignificancia
en mi relatividad
todos los semáforos me han guiñado para tropezar, para caer
en todos los abismos
tan fácil, tan dócilmente
que mi fuerza mi soberbia solo ha servido para construir
la celda más hermosa del miedo
para sentir la real bofetada de aire
de Dios
y caer con mi soberbia
en el seno más grande de la tierra.

[/QU Me alegro haber visitado tus letras, me ha gustado mucho. Un saludo
 
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Este es el firmamento extremo de la vida
la línea que desagua todos los recuerdos acumulados
en la bóveda secreta de la retina
donde el cuerpo se ventila con esos aires de movimiento tardío
de primavera penitente
y todas las hojas de las manos caen como ya leídas
como usadas
para dormir bajo ese humo espeso de la tiranía en las paredes
y nos quedamos
quietos,
como estúpidos trantando de atrapar alguna línea que se desprende del delirio.
Somos tan insignificantes
tan quebradizos
que no nos imaginamos
como nos menea la marea en el sueño,
en la pesadilla que ahoga toda esa calma
que tiene la penitencia fetal en las
camas
y Dios lo sabe, pero se queda quieto, estático,
como una sombra fantasma que se ve en nuestro miedo
en nuestros codos con sed en nuestra inocencia de error
pero aún así nos creemos tan altos tan inconmensurables
y creemos ( como receta de cocina)
que todo el día trabaja para nosotros que somos el titulo más brillante de las marquesinas
que toda soberbia no alcanza a nuestros pies y es ella quien nos lleva como perros
con la soga al cuello
como un tormento sanguinoliento de venas y semen entre los bares.
Ahora se me acusa de no morir
de no quebrarme ante la fauna más hambrienta del otoño
de consumir todos los sensacionalismos en los ojos
de crecer en las cloacas
y no mantenerme firme en los semáforos.
pero he muerto
me he quebrado en todas las estaciones
y he consumido toda la tinta del morboso
en mi insignificancia
en mi relatividad
todos los semáforos me han guiñado para tropezar, para caer
en todos los abismos
tan fácil, tan dócilmente
que mi fuerza mi soberbia solo ha servido para construir
la celda más hermosa del miedo
para sentir la real bofetada de aire
de Dios
y caer con mi soberbia
en el seno más grande de la tierra.
este poema me gusta más, me gusta el contexto, la diferencia que enmarcas y el tema, muy acorde, salvo dos detalles que se te escaparon, por lo demás, diré que lo mejor que te he leído, saludos marque
 

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