insomnio

Melquiades San Juan

Poeta veterano en MP
Viene y no viene, se anuncia como un ardor de párpados y cuando viene se asusta.

Es como un gato salvaje que avanza entre la noche sin hacer ruidos, sin pisar las hojas secas sobre el techo: viene y no viene. Lo espero con los ojos abiertos y sin ansias, como se espera a la amante desencantada, la que sigue viniendo porque escabullirse entre la noche es un hábito en que ocupa sus insomnios. Así viene.

Abro las cortinas de la ventana para ver ese mundo nocturno que permanece en la soledad a causa del sueño, la soledad está ahí, abrazada al silencio, ardiendo como el vapor de las lámparas.

A un lado de la ventana, las sombras de las hojas del árbol que sobrevive vecino del asfalto. Sé que ningún pajarillo duerme entre sus ramas: es un árbol, casi, sintético.

Allá abajo, la sombra que se mueve envuelta en su ropa de lencería deslumbrante,
espera a que la calle brille con los destellos de los faros del auto de algún trasnochado. Parece un pescador nocturno, de esos que pescan junto a un faro, invisible en la sombra, fantasma fosforescente cuando lo refleja el destello del faro salvador de navegantes.

Ella sigue ahí sin saberse observada. Cuando no se asoma un auto, su figura se descompone. Lía un cigarrillo y se sumerge en sus conflictos internos.
Camina buscando guijarros para patear, pero bajo sus tacones sólo hay asfalto. Da unos pasos esclavos de su oficio, como esas mascotas que se quedan atadas con una cadena, luego vuelve a mirar esperanzada a la avenida. Espera luces, carros, clientes, dinero. Dinero para comer y pagar las cuentas. Se joroba un poco, alza los hombros, rompe la tensión.
Allá a lo lejos aparecen unas luces.
Recompone la figura.
Cambia ritmo del paso.
Se transforma, sabe qué vender, qué hacer para incitar...

El auto se detiene y ella se agacha para hablar por la ventanilla abierta.
Pasan breves minutos.
No hubo trato, el auto se marcha.
Ella no hace mohín, es su oficio, su "modus vivendi".

La avenida está solitaria, no hay luces de autos que atender, el vapor amarillo del alumbrado público quiere volverse sol, y el asfalto de arenas compactadas suspira por sus sueños frustrados de ser cuerpo de playa.

La noche sigue consumiendo las sombras, y los párpados sufren su propia crisis existencial al no poder cerrarse para alojar al sueño. Cierro la ventana y la recámara se llena de oscuridad.

Los minutos pasan, luego siguen las horas.
Siempre hay algo que escuchar, algo que ver, hoy que el mundo ha logrado nulificar los efectos de su sombra. Los despiertos en el lado de la noche hablan, ríen, se miran... con los despiertos del lado de día; y todo el mundo se ha dado cuenta al fin, que siempre es de día aunque aparezca diario la noche.

Los ojos siguen abiertos. Las horas se hacen más pesadas entre paredes mudas y las sombras fijas provocadas por las lámparas nocturnas.

Dentro del pecho, sobre el abdomen, se siente un ardor extraño que no es de hambre,
es de angustia quizá, angustia surgida por desalojar al sueño de su rincón preferido en nuestra vida.

Las manos interrogan a las sábanas, a los cobertores, a todo ese bagaje de artilugios pensados para alojar el instante del sueño: sábanas, colchones, almohadas, sobre fundas... ¿cómo se sienten con esa vida inútil?... -me pregunto-. Existir y no servir al propósito por el cual existen.

Vuelve la luz de la lámpara al acoso de los dedos. Las manos manipulan las páginas del voluminoso libro para intentar sucumbir de cansancio entre sus hojas llenas de voces comprimidas en letras.
No hay conexión. Hay algo que dentro genera una especie de zumbido imperceptible al oído externo, zumbido que se materializa contrayendo el tejido nervioso del rostro, del cuello, del pecho: es una coraza rígida y casi compacta. "Hay que ponerse de pié". "Caminar para descargar la tensión"

La ventana nos llama.
Allá abajo "alguien" sigue despierto para vivir, quizá con sueño, cansada, deprimida.
Abro la ventana y la miro. Aún espera el último carro, está oscuro todavía.

Viene la luz de acetileno abriendo cancha entre los luceros al día que empieza los nubarrones negros presumen las manchas de sus sombras. Yo me acuerdo de aquel día cuando en el local de la academia de la lengua alguien dijo: "lo que hacemos al escribir es dibujar voces para plasmar ideas" (adivíname otra).

Con el día ya tocando sus trompetas crepusculares, perceptibles sólo al iris del gallo,
abro la portátil y la miro, reflexiono... pienso en eso de "dibujar voces" y en mi mente corrijo: ya no se dibujan, ahora sólo impulsamos los caracteres en este dispositivo de producir letras preconcebidas. Se parece tanto al piano: una máquina de producir sonidos, como le decían en sus inicios.

Juego a construir palabras eludiendo algunos hábitos. Experimento para la mente lectora. Me detengo un instante para mirar por la ventana, nadie se ha detenido en toda la noche. La calle muere, duerme de alguna forma, antes de que el amanecer le devuelva el martirio de los pasos, de las llantas feroces,
Duerme

Ella, la mujer, ha detenido un taxi, se sienta detrás del chofer. El auto se marcha,
la cortina se cierra, preservando al claustro del sonido y de la luz
la máquina de hacer letras bebe los pensamientos.

El sueño nunca vino. Ha de venir retrasado viajando en algún tren de vapor, como en las películas antiguas, siempre llegando tarde, después del postre, cuando me muero en la siesta acariciado con los aromas del naranjo.

 
Última edición:
Intenso y largo insomnio,la mente se activa,la imaginación vuela,y la realidad de la vida por la noche,el insomnio es agotador,lo bueno que tiene es que salen cosas como lo que tu has escrito,gran narrativa...me gusto..un saludo
 
Muy buenas formas dadas a tus ideas perfectas letras compuestas en tus finas lineas expuestas queria conocer algo de ti amigo y he quedado satisfecho con lo que he leído seguiré tus letras muy interesantes un abrazo con estrellas un amigo mas Saul
 
Agradable, directa y descriptiva narrativa. Fue un gusto leer tu escrito. Un gran saludo
 
MELQUIADES; la poesia es arte objetivo, no da lugar a las interpretaciones y eso que llamamos ordinariamente subjetividad es en relidad, una serie de accidentes perceptuales que alan watts llamo variables inmensurables... mundo de poesia es en realidad un escaparate muy ligh, generalmente la mayoria de los aficionados a escribir en especial las mujeres, buscan lo que se conoce como reyting... personalmente reto a los poetas de mas alto reyting a salir de este marasmo literario, un poema nuevo cada semana por un año. JANDO DE SANTIAGO.
 
MELQUIADES; la poesia es arte objetivo, no da lugar a las interpretaciones y eso que llamamos ordinariamente subjetividad es en relidad, una serie de accidentes perceptuales que alan watts llamo variables inmensurables... mundo de poesia es en realidad un escaparate muy ligh, generalmente la mayoria de los aficionados a escribir en especial las mujeres, buscan lo que se conoce como reyting... personalmente reto a los poetas de mas alto reyting a salir de este marasmo literario, un poema nuevo cada semana por un año. JANDO DE SANTIAGO.

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Última edición:
Has transmitido la angustia que debe generar el no poder conciliar el sueño. No me ha pasado nunca, de hecho me pasa lo contrario: yo que adoro la noche, que aborrezco dormir porque siento que se me va la vida mientras duermo, caigo al sueño irremediablemente, diría que quedo inconsciente a los dos segundos de ponerme horizontal sobre la cama; incluso a veces, que ando preocupada por algo, me digo a mí misma "ahora en la cama pensaré en ello, me organizaré un poco", pero imposible, ni proponiéndolo consigo mantenerme despierta ni cinco minutos. Cierto es que, en mi afán de alargar los días, me acuesto muy tarde (a las 2 o las 3) y me levanto muy pronto (a las 7) así que a la noche lucho contra el agotamiento manteniéndome en pie... pero al recostarme me puede el sueño.

Aún asi, debe ser agobiante querer dormir y no poder.

Me gustó mucho.
 
Has transmitido la angustia que debe generar el no poder conciliar el sueño. No me ha pasado nunca, de hecho me pasa lo contrario: yo que adoro la noche, que aborrezco dormir porque siento que se me va la vida mientras duermo, caigo al sueño irremediablemente, diría que quedo inconsciente a los dos segundos de ponerme horizontal sobre la cama; incluso a veces, que ando preocupada por algo, me digo a mí misma "ahora en la cama pensaré en ello, me organizaré un poco", pero imposible, ni proponiéndolo consigo mantenerme despierta ni cinco minutos. Cierto es que, en mi afán de alargar los días, me acuesto muy tarde (a las 2 o las 3) y me levanto muy pronto (a las 7) así que a la noche lucho contra el agotamiento manteniéndome en pie... pero al recostarme me puede el sueño.

Aún asi, debe ser agobiante querer dormir y no poder.

Me gustó mucho.

Suelo leer hasta entrada la madrugada aprovechando la quietud de la noche-madrugada. A veces, las mieles de la lectura tardan en digerir sus efectos en la mente. Me desperezo un poco para cerrar el ciclo de los pensamientos cobijados en las letras. Transcurren los minutos antes que llegue el sueño. Me asomo a la ventana para ver el mundo surrealista de la calle, que no cesa de vivir. Sombras juegan bajo los vapores de las luces allá afuera. Menudo mundo que se aferra a los silencios mientras llega la muerte temporal que nos regala el sueño. Cuando este prolonga las esperas, caigo en la tentación de volverlo un relato. No pocas veces la lucidez ayuda a prender entre recuerdos y elucubraciones, alguna breve historia. Luego duermo como todo mortal, para volver a la vida con el caudal de luz. Las dos, las tres, la hora terminal de las aventuras del pensamiento. Parecido al tuyo. Saludos y abrazos.
 
Viene y no viene, se anuncia como un ardor de párpados y cuando viene se asusta.

Es como un gato salvaje que avanza entre la noche sin hacer ruidos, sin pisar las hojas secas sobre el techo: viene y no viene. Lo espero con los ojos abiertos y sin ansias, como se espera a la amante desencantada, la que sigue viniendo porque escabullirse entre la noche es un hábito en que ocupa sus insomnios. Así viene.

Abro las cortinas de la ventana para ver ese mundo nocturno que permanece en la soledad a causa del sueño, la soledad está ahí, abrazada al silencio, ardiendo como el vapor de las lámparas.

A un lado de la ventana, las sombras de las hojas del árbol que sobrevive vecino del asfalto. Sé que ningún pajarillo duerme entre sus ramas: es un árbol, casi, sintético.

Allá abajo, la sombra que se mueve envuelta en su ropa de lencería deslumbrante,
espera a que la calle brille con los destellos de los faros del auto de algún trasnochado. Parece un pescador nocturno, de esos que pescan junto a un faro, invisible en la sombra, fantasma fosforescente cuando lo refleja el destello del faro salvador de navegantes.

Ella sigue ahí sin saberse observada. Cuando no se asoma un auto, su figura se descompone. Lía un cigarrillo y se sumerge en sus conflictos internos.
Camina buscando guijarros para patear, pero bajo sus tacones sólo hay asfalto. Da unos pasos esclavos de su oficio, como esas mascotas que se quedan atadas con una cadena, luego vuelve a mirar esperanzada a la avenida. Espera luces, carros, clientes, dinero. Dinero para comer y pagar las cuentas. Se joroba un poco, alza los hombros, rompe la tensión.
Allá a lo lejos aparecen unas luces.
Recompone la figura.
Cambia ritmo del paso.
Se transforma, sabe qué vender, qué hacer para incitar...

El auto se detiene y ella se agacha para hablar por la ventanilla abierta.
Pasan breves minutos.
No hubo trato, el auto se marcha.
Ella no hace mohín, es su oficio, su "modus vivendi".

La avenida está solitaria, no hay luces de autos que atender, el vapor amarillo del alumbrado público quiere volverse sol, y el asfalto de arenas compactadas suspira por sus sueños frustrados de ser cuerpo de playa.

La noche sigue consumiendo las sombras, y los párpados sufren su propia crisis existencial al no poder cerrarse para alojar al sueño. Cierro la ventana y la recámara se llena de oscuridad.

Los minutos pasan, luego siguen las horas.
Siempre hay algo que escuchar, algo que ver, hoy que el mundo ha logrado nulificar los efectos de su sombra. Los despiertos en el lado de la noche hablan, ríen, se miran... con los despiertos del lado de día; y todo el mundo se ha dado cuenta al fin, que siempre es de día aunque aparezca diario la noche.

Los ojos siguen abiertos. Las horas se hacen más pesadas entre paredes mudas y las sombras fijas provocadas por las lámparas nocturnas.

Dentro del pecho, sobre el abdomen, se siente un ardor extraño que no es de hambre,
es de angustia quizá, angustia surgida por desalojar al sueño de su rincón preferido en nuestra vida.

Las manos interrogan a las sábanas, a los cobertores, a todo ese bagaje de artilugios pensados para alojar el instante del sueño: sábanas, colchones, almohadas, sobre fundas... ¿cómo se sienten con esa vida inútil?... -me pregunto-. Existir y no servir al propósito por el cual existen.

Vuelve la luz de la lámpara al acoso de los dedos. Las manos manipulan las páginas del voluminoso libro para intentar sucumbir de cansancio entre sus hojas llenas de voces comprimidas en letras.
No hay conexión. Hay algo que dentro genera una especie de zumbido imperceptible al oído externo, zumbido que se materializa contrayendo el tejido nervioso del rostro, del cuello, del pecho: es una coraza rígida y casi compacta. "Hay que ponerse de pié". "Caminar para descargar la tensión"

La ventana nos llama.
Allá abajo "alguien" sigue despierto para vivir, quizá con sueño, cansada, deprimida.
Abro la ventana y la miro. Aún espera el último carro, está oscuro todavía.

Viene la luz de acetileno abriendo cancha entre los luceros al día que empieza los nubarrones negros presumen las manchas de sus sombras. Yo me acuerdo de aquel día cuando en el local de la academia de la lengua alguien dijo: "lo que hacemos al escribir es dibujar voces para plasmar ideas" (adivíname otra).

Con el día ya tocando sus trompetas crepusculares, perceptibles sólo al iris del gallo,
abro la portátil y la miro, reflexiono... pienso en eso de "dibujar voces" y en mi mente corrijo: ya no se dibujan, ahora sólo impulsamos los caracteres en este dispositivo de producir letras preconcebidas. Se parece tanto al piano: una máquina de producir sonidos, como le decían en sus inicios.

Juego a construir palabras eludiendo algunos hábitos. Experimento para la mente lectora. Me detengo un instante para mirar por la ventana, nadie se ha detenido en toda la noche. La calle muere, duerme de alguna forma, antes de que el amanecer le devuelva el martirio de los pasos, de las llantas feroces,
Duerme

Ella, la mujer, ha detenido un taxi, se sienta detrás del chofer. El auto se marcha,
la cortina se cierra, preservando al claustro del sonido y de la luz
la máquina de hacer letras bebe los pensamientos.

El sueño nunca vino. Ha de venir retrasado viajando en algún tren de vapor, como en las películas antiguas, siempre llegando tarde, después del postre, cuando me muero en la siesta acariciado con los aromas del naranjo.



Que bien estimado amigo, aquel insomnio, se vuelve una pesadilla en vida (que podríamos decir, si la vida, puede ser una pesadilla, nada nuevo). Te felicito, un gran abrazo, mis felicitaciones, un gran abrazo, cinco estrellas, te felicita, el poeta tímido y perdido.
 
tony_drüms;4159527 dijo:
Que bien estimado amigo, aquel insomnio, se vuelve una pesadilla en vida (que podríamos decir, si la vida, puede ser una pesadilla, nada nuevo). Te felicito, un gran abrazo, mis felicitaciones, un gran abrazo, cinco estrellas, te felicita, el poeta tímido y perdido.

Gracias por tu visita Tony, saludos. Nos leemos.
 

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