Escasamente queda una hora
para que el ocaso culmine
su monótona languidez.
Para que esta dulce embriaguez
de incertidumbre de colores,
se despida en el horizonte.
Una hora para que silencien...
los mares,
los campos,
los montes...
para que el silencio infinito,
bese con sus oscuros labios.
Escasamente queda una hora
de vida,
una hora, nos separa de
lo eterno.
Luis