Zulma Martínez
Mar azul...
Se levantó temprano. Un café caliente y unas galletas terminaron de despertarla. Había nevado toda la noche y estaba ansiosa por salir. Seguramente, no vendría Josefi a ayudarla con las tareas de la casa; vivía muy lejos.
Por uno de los ventanales, pudo observar el níveo paisaje y un montículo junto al camino. La naturaleza se había encargado de cubrir el panorama con un grandioso y albo manto, como aquel velo de inmaculado tul que... El repentino sonido del celular la sobresaltó. Era, otra vez, el mensaje de promoción de aquel tour.
Se abrigó bien y partió. Le impresionó la soledad del lugar. Nadie circulando a esa hora... nadie. Pero eso le permitiría disfrutar del silencio, del aire fresco en el rostro y hasta podría dejarse llevar por sus pensamientos. Sobre todo, para tratar de sanearlos y ordenarlos casi con el mismo esmero con que Josefi la asistía en los quehaceres cotidianos.
Empezó a nevar de nuevo. El cielo parecía deshacerse, lentamente, en cientos de pétalos candorosos. Metió sus manos enguantadas en los bolsillos y siguió caminando.
Día invernal;
el paisaje nevado
ese montículo
Por uno de los ventanales, pudo observar el níveo paisaje y un montículo junto al camino. La naturaleza se había encargado de cubrir el panorama con un grandioso y albo manto, como aquel velo de inmaculado tul que... El repentino sonido del celular la sobresaltó. Era, otra vez, el mensaje de promoción de aquel tour.
Se abrigó bien y partió. Le impresionó la soledad del lugar. Nadie circulando a esa hora... nadie. Pero eso le permitiría disfrutar del silencio, del aire fresco en el rostro y hasta podría dejarse llevar por sus pensamientos. Sobre todo, para tratar de sanearlos y ordenarlos casi con el mismo esmero con que Josefi la asistía en los quehaceres cotidianos.
Empezó a nevar de nuevo. El cielo parecía deshacerse, lentamente, en cientos de pétalos candorosos. Metió sus manos enguantadas en los bolsillos y siguió caminando.
Día invernal;
el paisaje nevado
ese montículo