Francisco Ruzafa .
Poeta asiduo al portal
Relincha mi joven caballo.
Encamina su trotar.
Es el amanecer de
un nuevo día.
Y el solo quiere
ir hacia el mar.
Me lo dice la sal
de su pelaje.
Su ruidoso respirar
entre el oleaje
de la rompiente.
Quien sabe si del mar
se ha enamorado.
Como un marino
de su barbuda soledad.
Ayer los vi juntos.
Sin importarles la frialdad
de las aguas. Galopar
cerca del acantilado.
Una hermosa mujer,
llamaba a la yegua por
su nombre:
Blanca.
Se acerco y me felicito
por la belleza de mi caballo.
La dije poca cosa.
Será que me quede prendado.
Quizás con un ramo de flores
cargado de querer.
Pintada de soles
ella me de un amanecer.
Cerca del mar naciera un potrillo
y otro joven jinete
enamorado del mar
Encamina su trotar.
Es el amanecer de
un nuevo día.
Y el solo quiere
ir hacia el mar.
Me lo dice la sal
de su pelaje.
Su ruidoso respirar
entre el oleaje
de la rompiente.
Quien sabe si del mar
se ha enamorado.
Como un marino
de su barbuda soledad.
Ayer los vi juntos.
Sin importarles la frialdad
de las aguas. Galopar
cerca del acantilado.
Una hermosa mujer,
llamaba a la yegua por
su nombre:
Blanca.
Se acerco y me felicito
por la belleza de mi caballo.
La dije poca cosa.
Será que me quede prendado.
Quizás con un ramo de flores
cargado de querer.
Pintada de soles
ella me de un amanecer.
Cerca del mar naciera un potrillo
y otro joven jinete
enamorado del mar