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José Emilio Pacheco

Tema en 'Biblioteca de Poetas consagrados en verso libre' comenzado por lluvia de enero, 12 de Mayo de 2015. Respuestas: 0 | Visitas: 1183

  1. lluvia de enero

    lluvia de enero Simplemente mujer

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    José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 1939 - 2014) Poeta, narrador, ensayista y traductor mexicano, cuya cultura literaria y sensibilidad poética lo convirtieron en uno de los miembros más destacados de la llamada Generación del Medio Siglo. Estudió derecho y letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y allí comenzó a colaborar con la revista Medio Siglo. Más tarde formó parte de la dirección del suplemento Ramas Nuevas de la revista Estaciones y de la redacción de la Revista de la UNAM. Fue asimismo jefe de redacción del suplemento México en la Cultura, en colaboración con Fernando Benítez. ​
    Profesor en varias universidades de México, Estados Unidos, Canadá e Inglaterra, se dedicó también a la investigación en el Departamento de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH); como resultado de esta labor de investigación y reconstrucción de la vida cultural mexicana de los siglos XIX y XX, publicó numerosas ediciones y antologías. Sus libros han sido traducidos al inglés, francés, alemán y ruso.

    La poesía de Pacheco se caracteriza por una depuración extrema. Sus versos carecen de ornamentos inútiles y están escritos con un lenguaje cotidiano que los hace engañosamente sencillos. La conciencia de lo efímero es uno de sus temas centrales, pero su poesía es a menudo irónica, llena de notas de humor negro y parodia, y muestra una continua experimentación en el plano formal. Para Pacheco, el poeta es el crítico de su tiempo y un metafísico preocupado por el sentido de la historia. Cree en el carácter popular de la escritura, que carece de autor específico y pertenece a todos.

    Su producción poética alternó así lo trascendente y lo inmediato, siempre con un estilo muy personal. Ello se aprecia en Los elementos de la noche (1963), El reposo del fuego (1966), No me preguntes cómo pasa el tiempo (1964) y Los trabajos del mar (1983). En el terreno de la narrativa corta, escribió libros como El principio del placer (1972), donde demostró su dominio del relato breve e hiperbreve. Sus dos novelas son ejemplo de sabiduría narrativa: la primera, Morirás lejos (1967), es un audaz experimento que juega con diversos planos narrativos; la segunda, Las batallas en el desierto (1981), es una evocadora y agridulce historia de amor imposible, llena de nostalgia. Sus artículos y ensayos son numerosos y casi todos versan sobre literatura, aunque también abordan asuntos políticos y sociales.

    Entre los galardones que distinguieron su obra se cuentan los premios Magda Donato (1967), Xavier Villaurrutia (1973), Nacional de Lingüística y Literatura de México (1992), Octavio Paz (2003), Pablo Neruda (2004), García Lorca (2005), Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Cervantes (recibidos ambos en 2009).

    Datos biográficos extraídos de: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/p/pacheco_jose.htm



    ***************​


    NUBES


    En un mundo erizado de prisiones
    sólo las nubes arden siempre libres.

    No tienen amo, no obedecen órdenes,
    inventan formas, las asumen todas.

    Nadie sabe si vuelan o navegan,
    si ante su luz el aire es mar o llama.

    Tejidas de alas son flores del agua,
    arrecifes de instantes, red de espuma.

    Islas de niebla, flotan, se deslíen
    y nos dejan hundidos en la Tierra.

    Como son inmortales nunca oponen
    fuerza o fijeza al vendaval del tiempo.

    Las nubes duran porque se deshacen.
    Su materia es la ausencia y dan la vida.


    **************

    EXPIACIÓN


    Qué sola ha de sentirse la luciérnaga
    en el suburbio que era campo.

    Arde sin nadie entre las casas tristes.
    La repudió el enjambre intolerante
    que exige sumisión igual que todos.

    No sé cuál fue su error o su pecado.
    Acaso las luciérnagas también
    castigan sin piedad a las insumisas
    y les cortan la luz y el aire.

    Tal vez la usó la tribu como chivo expiatorio.
    Murmuradas las culpas a su oído,
    la enviaron a perderse en el desierto
    para morir por la vileza de otras.

    En la altura contrasta su brillantez
    con esos fuegos fatuos tan rastreros
    que hacen teatro de espectros en la noche
    y nos llenan de miedo.

    No es verde de esperanza el mal color
    de la pobre luciérnaga extraviada:
    su vuelo dice adiós a todo aquello
    que acaba de morir en este instante.


    ***************​
     
    #1

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