Estás utilizando un navegador obsoleto. Puede que este u otros sitios no se muestren correctamente. Debes actualizarlo o utilizar un navegador alternativo.
El viento,
hermano querido,
acuna mis penas,
ajusta mi gorra
y reza, conmigo.
Mi voz se pierde
en el triste páramo,
donde tiemblo, aterido,
pero él se lleva
la oración completa
al Santo Destino.
Que nadie está solo,
ni pobre ni herido,
mientras El Padre
escuche su ruego,
su llanto..., su grito.