Nolbertmart
Poeta recién llegado
En un risco nevado, a gran altura,
un cóndor retozaba con delirio,
agitaba sus alas con premura
rogando al cielo el fin de su martirio.
La noche es larga y agoniza el día,
y azotado por ráfagas del viento,
con aflicción su corazón latía
al soportar su trágico momento.
Recordaba pasadas aventuras,
cuando juntos, pasaban gratas horas
desafiando las místicas alturas,
a la luz celestial de las auroras.
El cóndor parecía meditar:
soy un paria, que vaga sin ventura;
mis penas ya no puedo soportar.
Partiré de este mundo, con premura.
Náufrago, en el mar de su fracaso,
soportando su amarga penitencia,
una tarde, sombría, del ocaso,
maldecía su mísera existencia.
Y el cóndor, majestad de los desiertos,
presentía su eterna despedida
al gélido terruño de los muertos,
en busca de su amada consentida
Una tarde, resuelto y amargado,
dio un gran salto, de forma inesperada,
y arrojándose al cruel acantilado,
puso fin a su vida atormentada.
un cóndor retozaba con delirio,
agitaba sus alas con premura
rogando al cielo el fin de su martirio.
La noche es larga y agoniza el día,
y azotado por ráfagas del viento,
con aflicción su corazón latía
al soportar su trágico momento.
Recordaba pasadas aventuras,
cuando juntos, pasaban gratas horas
desafiando las místicas alturas,
a la luz celestial de las auroras.
El cóndor parecía meditar:
soy un paria, que vaga sin ventura;
mis penas ya no puedo soportar.
Partiré de este mundo, con premura.
Náufrago, en el mar de su fracaso,
soportando su amarga penitencia,
una tarde, sombría, del ocaso,
maldecía su mísera existencia.
Y el cóndor, majestad de los desiertos,
presentía su eterna despedida
al gélido terruño de los muertos,
en busca de su amada consentida
Una tarde, resuelto y amargado,
dio un gran salto, de forma inesperada,
y arrojándose al cruel acantilado,
puso fin a su vida atormentada.