La casa iluminada

penabad57

Poeta veterano en el portal
Lóbulo exacto, frente de ángel, marisma en sigilo,
ladrillos de esmalte, un esqueleto de titanio
que se mueve en ondas, el gran animal
que pliega su ala sobre los dormitorios,
el espejo como un ojo líquido donde las escenas son de nácar,
el laberinto de la araña teje horas de juventud,
familias innúmeras en su concavidad sin piel,
ladran las paredes un soliloquio azul,
el cuévano orondo es una bóveda de estalactitas delgadas,
la voz de madre en el suburbio de las habitaciones
llama al consenso con signos mudos, innecesaria
la elipse de un adjetivo que todos nombramos en la quietud.

El mosaico, el azulejo que ha perdido el color,
los grifos rotos, la muesca en la porcelana
donde el niño golpeó un sueño, las cortinas
del baño que escucharon canciones de agua,
el fulgor olímpico de los fogones, el aroma
como una nube infantil que agita el músculo peristáltico
con zumos de natividad: el árbol que se oculta entre las luces,
un misterio en el portal que dejó de ser misterio
al volverse piel de plástico.

Y el asombro de los libros en estanterías de abedul,
cómodas, polveras, cuadros, las cucharillas de alpaca
y la geometría en los suelos-un cuadrado marrón,
el otro azul- donde aprendí la estrategia de los cómitres
y sucumbí al monstruo de la edad con la última baldosa del tiempo.

Mi hogar y sus molduras, las fotografías que provocaron
al reloj, la caoba cautiva en pequeños cofres
que guardan la plata como jenízaros del azar
en la fútil verdad de los días neutros.

He regresado sin irme, contemplo
el hoy,
el ayer
y el mañana,
contemplo la claridad que bulle indolente,
y sé que no volverá otra vez esta luz que de pronto se agota,
pero también sé que habrá luces sin fin en mi recuerdo.







 
Última edición:
Lóbulo exacto, frente de ángel, marisma en sigilo,
ladrillos de esmalte, un esqueleto de titanio
que se mueve en ondas, el gran animal
que pliega su ala sobre los dormitorios,
el espejo como un ojo líquido donde las escenas son de nácar,
el laberinto de la araña teje horas de juventud,
familias innúmeras en su concavidad sin piel,
ladran las paredes un soliloquio azul,
el cuévano orondo es una bóveda de estalactitas delgadas,
la voz de madre en el suburbio de las habitaciones
llama al consenso con signos mudos, innecesaria
la elipse de un adjetivo que todos nombramos en la quietud.

El mosaico, el azulejo que ha perdido el color,
los grifos rotos, la muesca en la porcelana
donde el niño golpeó un sueño, las cortinas
del baño que escucharon canciones de agua,
el fulgor olímpico de los fogones, el aroma
como una nube infantil que agita el músculo peristáltico
con zumos de natividad: el árbol que no duda entre las luces,
un misterio en el portal que dejó de ser misterio
al volverse piel de plástico.

Y el asombro de los libros en estanterías de abedul,
cómodas, polveras, cuadros, las cucharillas de alpaca
y la geometría en los suelos-un cuadrado marrón,
el otro azul- donde aprendí la estrategia de los cómitres
y sucumbí al monstruo de la edad con la última baldosa del tiempo.

Mi hogar y sus molduras, las fotografías que provocaron
al reloj, la caoba escondida en pequeños cofres
que guardan la plata como jenízaros del azar
en la fútil verdad de los días neutros.

He regresado sin irme, contemplo
el hoy,
el ayer
y el mañana,
contemplo la claridad que bulle indolente,
y sé que no volverá otra vez esta luz que de pronto se agota,
pero también sé que habrá luces sin fin en mi recuerdo.






Buenas tardes
Unas hermosas letras me invaden el espacio
Gracias por compartirlas
Un saludo
 
Lóbulo exacto, frente de ángel, marisma en sigilo,
ladrillos de esmalte, un esqueleto de titanio
que se mueve en ondas, el gran animal
que pliega su ala sobre los dormitorios,
el espejo como un ojo líquido donde las escenas son de nácar,
el laberinto de la araña teje horas de juventud,
familias innúmeras en su concavidad sin piel,
ladran las paredes un soliloquio azul,
el cuévano orondo es una bóveda de estalactitas delgadas,
la voz de madre en el suburbio de las habitaciones
llama al consenso con signos mudos, innecesaria
la elipse de un adjetivo que todos nombramos en la quietud.

El mosaico, el azulejo que ha perdido el color,
los grifos rotos, la muesca en la porcelana
donde el niño golpeó un sueño, las cortinas
del baño que escucharon canciones de agua,
el fulgor olímpico de los fogones, el aroma
como una nube infantil que agita el músculo peristáltico
con zumos de natividad: el árbol que no duda entre las luces,
un misterio en el portal que dejó de ser misterio
al volverse piel de plástico.

Y el asombro de los libros en estanterías de abedul,
cómodas, polveras, cuadros, las cucharillas de alpaca
y la geometría en los suelos-un cuadrado marrón,
el otro azul- donde aprendí la estrategia de los cómitres
y sucumbí al monstruo de la edad con la última baldosa del tiempo.

Mi hogar y sus molduras, las fotografías que provocaron
al reloj, la caoba escondida en pequeños cofres
que guardan la plata como jenízaros del azar
en la fútil verdad de los días neutros.

He regresado sin irme, contemplo
el hoy,
el ayer
y el mañana,
contemplo la claridad que bulle indolente,
y sé que no volverá otra vez esta luz que de pronto se agota,
pero también sé que habrá luces sin fin en mi recuerdo.








¡Cómo no he de admirarte penabad! En este poema encuentro la excelencia de una inspiración moldeada de valiosa emotividad. Esos recovecos de la vida donde solemos ir en busca de algo que nos falta tal vez, o queremos volver a saborear la luz que guio y aun orienta nuestras huellas. Me ha encantado, de veras, me la paso yendo a esa "casa iluminada" y cada detalle que has incluido me deja grato recuerdo, creo no dejaste nada por fuera y todo lo has vestido de magnifica poesía....¡Felicitaciones!
 
Lóbulo exacto, frente de ángel, marisma en sigilo,
ladrillos de esmalte, un esqueleto de titanio
que se mueve en ondas, el gran animal
que pliega su ala sobre los dormitorios,
el espejo como un ojo líquido donde las escenas son de nácar,
el laberinto de la araña teje horas de juventud,
familias innúmeras en su concavidad sin piel,
ladran las paredes un soliloquio azul,
el cuévano orondo es una bóveda de estalactitas delgadas,
la voz de madre en el suburbio de las habitaciones
llama al consenso con signos mudos, innecesaria
la elipse de un adjetivo que todos nombramos en la quietud.

El mosaico, el azulejo que ha perdido el color,
los grifos rotos, la muesca en la porcelana
donde el niño golpeó un sueño, las cortinas
del baño que escucharon canciones de agua,
el fulgor olímpico de los fogones, el aroma
como una nube infantil que agita el músculo peristáltico
con zumos de natividad: el árbol que se oculta entre las luces,
un misterio en el portal que dejó de ser misterio
al volverse piel de plástico.

Y el asombro de los libros en estanterías de abedul,
cómodas, polveras, cuadros, las cucharillas de alpaca
y la geometría en los suelos-un cuadrado marrón,
el otro azul- donde aprendí la estrategia de los cómitres
y sucumbí al monstruo de la edad con la última baldosa del tiempo.

Mi hogar y sus molduras, las fotografías que provocaron
al reloj, la caoba cautiva en pequeños cofres
que guardan la plata como jenízaros del azar
en la fútil verdad de los días neutros.

He regresado sin irme, contemplo
el hoy,
el ayer
y el mañana,
contemplo la claridad que bulle indolente,
y sé que no volverá otra vez esta luz que de pronto se agota,
pero también sé que habrá luces sin fin en mi recuerdo.








Creo que los espacios, las casas, son grandes receptores de las energías que han puesto en ellos las almas que los habitaron.
Es lo que siento al leer tu poema tan rico en detalles que lo hacen muy profundo.
Es otra de tus obras de calidad con otro final conmovedor.
Un abrazo.
 
¡Cómo no he de admirarte penabad! En este poema encuentro la excelencia de una inspiración moldeada de valiosa emotividad. Esos recovecos de la vida donde solemos ir en busca de algo que nos falta tal vez, o queremos volver a saborear la luz que guio y aun orienta nuestras huellas. Me ha encantado, de veras, me la paso yendo a esa "casa iluminada" y cada detalle que has incluido me deja grato recuerdo, creo no dejaste nada por fuera y todo lo has vestido de magnifica poesía....¡Felicitaciones!
Gracias, Mireya, por tus generosas palabras. Un abrazo.
 

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