Hay una casa en mis sueños
llena de celosías
que me ciernen la luz,
me la bailan,
que la posan en mi piel
cuando me siento a mirarla.
Por entre sus rejas caen
gitanillas y albahaca
y el jazmín de la escalera
me penetra hasta el alba,
dejándome su olor
grabado en las entrañas.
Siempre el amanecer
me despierta con silencio;
en el quicio de la puerta
se recuesta la sombra de los almendros.
Las tardes en calma
adivinan mis recuerdos
y se posan frescas en mis pies.
Las noches
llegan claras hasta el día
porque la luna llena
se derrama suave, sin aliento
en el azul cobalto de mis sueños,
y como en las noches de los cuentos
siempre es bello el amanecer
y amanece en un grato silencio.
La luz se vuelve a filtrar
por las celosías
cuajadas de luces rotas
pintando el suelo de azul
de albahaca y sueños
llena de celosías
que me ciernen la luz,
me la bailan,
que la posan en mi piel
cuando me siento a mirarla.
Por entre sus rejas caen
gitanillas y albahaca
y el jazmín de la escalera
me penetra hasta el alba,
dejándome su olor
grabado en las entrañas.
Siempre el amanecer
me despierta con silencio;
en el quicio de la puerta
se recuesta la sombra de los almendros.
Las tardes en calma
adivinan mis recuerdos
y se posan frescas en mis pies.
Las noches
llegan claras hasta el día
porque la luna llena
se derrama suave, sin aliento
en el azul cobalto de mis sueños,
y como en las noches de los cuentos
siempre es bello el amanecer
y amanece en un grato silencio.
La luz se vuelve a filtrar
por las celosías
cuajadas de luces rotas
pintando el suelo de azul
de albahaca y sueños