Paco Valiente
Poeta que no puede vivir sin el portal
En la ciudad pegatina
el amanecer llora números
sobre los hijos del sueño.
En los semáforos mueren minutos
rellenos de documentos.
Esquinas grises paren despedidas.
Calles sin hierba desayunan ruedas.
Un adiós se desliza por un cristal
como una lágrima.
Cada segundo
nacen monedas tristes
que se multiplican como ratas.
Las sufridas papeleras anhelan lluvia.
Los peces del río beben coca cola.
Árboles perennes esnifan deseos.
Cientos de gatos maúllan
a los cajeros automáticos.
La soledad sobrevive
entre un millón de individuos.
Bandadas de móviles vuelan en círculo.
Los niños juegan en la luna
del ordenador o la tablet.
Un tranvía rojo araña el asfalto
mientras el viento barre los días
en la ciudad pegatina.
el amanecer llora números
sobre los hijos del sueño.
En los semáforos mueren minutos
rellenos de documentos.
Esquinas grises paren despedidas.
Calles sin hierba desayunan ruedas.
Un adiós se desliza por un cristal
como una lágrima.
Cada segundo
nacen monedas tristes
que se multiplican como ratas.
Las sufridas papeleras anhelan lluvia.
Los peces del río beben coca cola.
Árboles perennes esnifan deseos.
Cientos de gatos maúllan
a los cajeros automáticos.
La soledad sobrevive
entre un millón de individuos.
Bandadas de móviles vuelan en círculo.
Los niños juegan en la luna
del ordenador o la tablet.
Un tranvía rojo araña el asfalto
mientras el viento barre los días
en la ciudad pegatina.