Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Está despierto desde muy temprano, bebe café amargo y juega a hacer estructuras con las fichas de dominó, espera. Cuesta tanto esta sobriedad -se dice- pensando en la botella abierta que le espera y le llama con su voz de angustia interna, que le seduce más que cualquier mujer. Está en medio de la oscuridad pero sabe que pronto amanecerá, la espera. Hace tiempo que le ha dejado de reñir, de reclamar las ausencias, de conminar a cambiar su vida, a dejar de destruirse. Hace tiempo que está ausente como él, que no responde el teléfono de casa, que se ausenta por días enteros. Tiene un amante, lo sabe, lo intuye, la obsesión el carcome el alma y le ha obligado a recuperar un instante la sobriedad. Debe ser un hombre casado pues ella vuelve los fines de semana, permanece entristecida en su refugio forzado. Desde el fondo de la botella la ha visto indiferente y callada. Ya no le importan ni le enfadan sus monólogos rabiosos contra todo lo cuerdo, telentoso o exitoso, no como antes. Ya no le dice que está mal, que el mundo marcha casi como debiera y que quién desde el fondo de la botella lo incrimina para engañarse a sí mismo al vilipendiar a todos los entornos, él, es quien está mal. No, hace tiempo que ha dejado de ser cosa suya la perorata estúpida de un ebrio frustrado y devastado por su propio vicio, ella mira a la ventana como si fuera un ave migratoria que aguarda el tiempo propicio para emprender el vuelo hacia otros rumbos.
El sábado se ilumina poco a poco, sobre la mesa las fichas sufren la inquietud de unas manos desesperadas e inquietas que las trastocan a cada vez, incapaces de construir con sus rectangulares formas cualquier figura coherente. Las manos buscan en la cintura la daga, se asen al mango, le tantean. La botella espera en la habitación más próxima, y la mujer no llega, no llegará, hace tiempo no vuelve.
El sábado se ilumina poco a poco, sobre la mesa las fichas sufren la inquietud de unas manos desesperadas e inquietas que las trastocan a cada vez, incapaces de construir con sus rectangulares formas cualquier figura coherente. Las manos buscan en la cintura la daga, se asen al mango, le tantean. La botella espera en la habitación más próxima, y la mujer no llega, no llegará, hace tiempo no vuelve.