La huella

Lírico.

Exp..
La huella

Amor, ¿por qué te vas así de triste?
Yo sé que estás buscando fiel aquella
primera luz de vida, viva huella,
amor de madre; madre, amor; quisiste

sus ojos. Mira, canta, mece, viste
tu carne, besa el alma; siempre es ella,
la misma voz, la misma leve estrella;
azul calor, dulzor del ser: naciste.

Tienes razón, irremediablemente
vivo en su voz, y nunca suficiente
es para mí, sujeto a mi albedrío.

El corazón, por el desmoronado
aire de amor, mas nunca en su cuidado.
Madre, perdóname; perdón, Dios mío.
 
¡Vaya belleza de soneto, amigo!, ni siquiera la contigüidad de palabras tan símiles fonéticamente como calor/dulzor en el octavo verso empaña en absoluto la excelencia del conjunto.
El verso trece me ha traído un recuerdo de mi maestro Quevedo, sabrás por qué.

Síguenos deleitando con tan buena poesía, Líricodetrito. Gracias por editar y por ser tan prolífico.

Saludo cordial.
 
Muy buen soneto. Felicidades. Si algo nos ha enseñado el psicoanálisis (y han sido varias cosas) es la importancia fundante y fundamental de lo oral-materno en la configuración del psiquismo humano: mucho más que una huella. Curiosa la inesperada y edípica referencia final a la instancia paterna. Saludos.
 
Muy buen soneto. Felicidades. Si algo nos ha enseñado el psicoanálisis (y han sido varias cosas) es la importancia fundante y fundamental de lo oral-materno en la configuración del psiquismo humano: mucho más que una huella. Curiosa la inesperada y edípica referencia final a la instancia paterna. Saludos.


Lo que hizo el psicoanálisis fue soltarle un bofetón al antropocentrismo que venía sobradísimo desde el Renacimiento.
 
¡Vaya belleza de soneto, amigo!, ni siquiera la contigüidad de palabras tan símiles fonéticamente como calor/dulzor en el octavo verso empaña en absoluto la excelencia del conjunto.
El verso trece me ha traído un recuerdo de mi maestro Quevedo, sabrás por qué.

Síguenos deleitando con tan buena poesía, Líricodetrito. Gracias por editar y por ser tan prolífico.

Saludo cordial.


No te dije nada en su día. Ahora que repaso, aprovecho para agradecerte tus palabras.

Carlos
 
La huella

Amor, ¿por qué te vas así de triste?
Yo sé que estás buscando fiel aquella
primera luz de vida, viva huella,
amor de madre; madre, amor; quisiste

sus ojos. Mira, canta, mece, viste
tu carne, besa el alma; siempre es ella,
la misma voz, la misma leve estrella;
azul calor, dulzor del ser: naciste.

Tienes razón, irremediablemente
vivo en su voz, y nunca suficiente
es para mí, sujeto a mi albedrío.

El corazón, por el desmoronado
aire de amor, mas nunca en su cuidado.
Madre, perdóname; perdón, Dios mío.
Tú sabrás por qué le pides perdón. Yo solo sé que no es por escribir. Un abrazo, Carlos.
 

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