Poeta en Silencio
Enrique
Sobre un aire espeso
mis manos esculpen tu presencia,
donde por prodigio del amor
te vuelves mujer de tierra dócil,
de torso tangible y frente pura,
la hermana innegable
de mi pensamiento.
Mirándote cerca
pienso en tu color como una hechura
cierta de mis labios,
rubor más perfecto en cada beso.
Llegas a mi piel con tu silencio
de recién nacida,
por lo tanto yo te doy mi voz,
la clara dicción del dulce amante
y un balbucear de los aromas.
Te doy tu figura
también el sagrado movimiento;
te doy la estatura hasta mis ojos;
te doy el latir
del lejano mar en tus entrañas.
Te doy el soñar,
la mirada que se abre por las noches
hacia el panorama de otras lunas;
incluso te doy mis manos tristes
por sí quieres esculpir al hombre
que de mí supones.
mis manos esculpen tu presencia,
donde por prodigio del amor
te vuelves mujer de tierra dócil,
de torso tangible y frente pura,
la hermana innegable
de mi pensamiento.
Mirándote cerca
pienso en tu color como una hechura
cierta de mis labios,
rubor más perfecto en cada beso.
Llegas a mi piel con tu silencio
de recién nacida,
por lo tanto yo te doy mi voz,
la clara dicción del dulce amante
y un balbucear de los aromas.
Te doy tu figura
también el sagrado movimiento;
te doy la estatura hasta mis ojos;
te doy el latir
del lejano mar en tus entrañas.
Te doy el soñar,
la mirada que se abre por las noches
hacia el panorama de otras lunas;
incluso te doy mis manos tristes
por sí quieres esculpir al hombre
que de mí supones.
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