Maygemay
Poeta que considera el portal su segunda casa
Veloz trepaba la orquídea hamacándose en las lianas
y enroscaba sus zarcillos mientras croaban las ranas
junto al chorro de una fuente que burbujeaba vapor,
ella pintaba sus aguas de diferente color
al reflejar sus sonrisas blancas, lilas y rosadas
que eran estrellas del bosque codiciadas por las hadas.
La flor se abrazaba al árbol para buscar un sostén
y las víboras mentían que lo hacía su rehén.
Mas las hojas fascinadas comprendían que eran celos
y suspiraban felices por la fiesta con revuelos
de exóticas mariposas y graciosos picaflores
que animaban la floresta de encanto, trinos y amores,
pues con el polen fecundo se iluminaba la vida
-susurraban las abejas sobre la rama florida-
para conquistar el néctar de las mieles milagrosas
que perfuma a quien lo bebe con sustancias vigorosas.
Y una bella juglaresa cantaba al son del laúd
que el agua de esas fontanas devuelve la juventud,
si la caracola nívea con alas de corazón
se irisaba a sus espaldas con la mágica canción,
porque cuenta una leyenda de antigua floricultura
que la esencia de la orquídea eterniza la hermosura.
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