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La lectora

¡ay,amigo!has dado en uno de mis puntos débiles,ese insecto es uno de mis personajes de pesadilla,junto a las serpientes.
Me complace entrar y encontrarme con uno de tus relatos,aunque sean tipo"relatos para no dormir",
un placer pasar por aquí.
Un abrazo.
 
Wao! Sinceramente, me identifique de una manera personal! Ya que amo la lectura, pero no conozco muchos autores de libros, y hay veces que comparto ese sentimiento de ridiculez, en frente de otros!! Un gusto para mi leerte!! Hermoso!
 
Eladio ¡Fascinante amigo, no tengo palabras! que gran obra de arte tiene mágia este grandisimo relato, como ara darle a leer Psicosis...jajaja tienes una imaginación que envidio amigo mio se puede escribir igual (Y lo dudo mucho) pero mejor...¡ Imposible! , ¡Gracias amigo mio por esta maravilla! espero y deseo que no te olvides de mi cada vez que saques un relato ¡Me encantan! si me deja el sistema tienes la reputación que mereces sin duda alguna, todas las estrellas de mundo y un abrazo amigo mio ¡MAESTRO! por ser un gran amigo primero y un ¡Magnifico escritor te aplaudo Eladio! desde Toledo mi afecto mas sincero hermano.
 
Es cierto grandiosa tu imaginación que me has hecha penetrar como participe en el relato, te felicito!!!! te seguire de cerca..Adelante !!!!un abrazo desde mi Argentina. ZULEMA
 
Es cierto grandiosa tu imaginación que me has hecha penetrar como participe en el relato, te felicito!!!! te seguire de cerca..Adelante&nbsp;!!!!un abrazo desde mi Argentina. ZULEMA<BR><BR>
 
Querido Dulcinista, esa habilidad para escribir un relato con sentido comùn y bien detallado, a mi no me asiste, te ha quedado muy bien, me ha gustado, un fuerte abrazo, Pilar.
 
- Me gusta leer, decididamente, adoro la literatura. Lo extraño es que no me haya dado cuenta hasta ahora. Por desgracia, he perdido demasiado tiempo visitando tiendas, interesándome tan solo por unos zapatos o vestidos de moda. Pero eso va a cambiar. Por mi bien, debe cambiar. Cuando el otro día, en casa de los Dawkins se habló de literatura, me sentí ridícula, humillada. No conocía ninguno de los nombres de los autores que nombraron. Y eso debe cambiar. Hadrien puede y debe ayudarme, él lee mucho. Debe ayudar a su mujercita. Después de todo, siempre he tenido mucha imaginación. De niña estaba siempre en las nubes. Mi madre siempre decía que no imaginaba nada bueno. He sido presa de la frivolidad, pero eso debe cambiar. Quizás modificando mi forma de vivir, pueda amansar un poco mi carácter demasiado propenso a la cólera. Sé que Hadrien está harto de mis manías, de mis cambios de humor. Reconozco que soy una mujer difícil, algunas veces casi insoportable. El pobre Hadrien tiene mucha paciencia conmigo - así pensaba Liliane mientras se peinaba su liso y largo pelo frente al espejo de su habitación.
Se había levantado tarde. Pasó la noche junto con su amiga Victoria en una fiesta a la que no había asistido su marido. Oyó pasos que subían las escaleras. Era Hadrien que volvía del trabajo. Se dieron un beso frío, monótono.
- En la fiesta, todos me preguntaron por ti - dijo ella.
Hadrien no contestó nada. No era muy hablador y además estaba cansado.
- He decidido comenzar a leer - dijo Liliane, segura de que esa afirmación sorprendería a su marido.
Continuó callado, pensando que era otra más de las excentricidades de su mujer.
- Como yo no entiendo nada de libros, me gustaría, querido, que me recomendaras alguno para comenzar mi nueva afición - dijo con esa voz suave que usaba cuando quería conseguir algo.
- Ya sabes que tengo libros de sobra. Buscaré uno apropiado para ti - contestó.
A la mañana siguiente, domingo, buscó entre su extensa biblioteca. Decidió dejarle << La isla del tesoro. >> Liliane leyó la novela con avidez. Estaba obsesionada. Hadrien conocía a su mujer, y sabía que esa nueva manía por la lectura no sería demasiado duradera; ya se había obsesionado antes por las flores y se pasaba el día entero en el jardin regando y plantando. Tuvo muchas otras obsesiones que ya eran historia olvidada.
- Ya he terminado la novela. Me ha encantado. Creo que lo mío es la lectura. Me meto tan dentro de los personajes, que mi personalidad se transforma, y me convierto en el niño Jim Hawkins, en el pirata John Silver o en el loro Capitán Flint - le dijo a su marido dos días después.
-<< ¡ Piezas de a ocho, piezas de a ocho ! >> - gritó frente a su marido con una voz gutural que no parecía humana.
Con la segunda novela que leyó, enloqueció. Decía llamarse Gregorio Samsa. Se arrastraba por el suelo. Un día, al volver Hadrien del trabajo, no encontró a su mujer en casa. Llamó a los amigos, pero ninguno la había visto ni sabía dónde podía estar
Hacía varios días que Liliane había desaparecido. Soñó con la posibilidad de verse libre de ella. Anheló esa tranquilidad que había desaparecido de su vida desde que la conoció. Pasaban los días. Parecía que se la había tragado la tierra. Un día, al volver del trabajo, oyó ruidos en el sótano. Bajó para ver qué era. Afuera era de noche. Encendió la luz del sótano. En un rincón, junto a una vieja bicicleta, vio que había una cucaracha gigantesca, del tamaño de una persona. La ató con una cuerda y la obligó a subir las escaleras hasta el piso superior. Abrió un amplio ventanal. La cucaracha se negaba a asomarse a él. Cuando consiguió que sacara medio cuerpo fuera, le quitó la soga con la que la había atado y de un puntapie la arrojó al vacío. Cayó sobre algunas de las flores secas del descuidado jardin. Quedó irreconocible, un líquido oscuro y viscoso brotaba de su cuerpo.
Nadie se preocupó por la muerte de una cucaracha, aunque muchos se asombraron por su tamaño. Hadrien cerró el ventanal. Cogió la última novela que su mujer había leído y la besó. Se dispuso a ser feliz y a disfrutar de la tranquilidad que tanto amaba.



Eladio Parreño Elías


17-AGOSTO-2011






Se podría decir que es un tanto elitista,
pero válido...

La metamorfosis de la desesperación, que le llaman.



Un abrazo.



__________________________________________________ LEO

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- Me gusta leer, decididamente, adoro la literatura. Lo extraño es que no me haya dado cuenta hasta ahora. Por desgracia, he perdido demasiado tiempo visitando tiendas, interesándome tan solo por unos zapatos o vestidos de moda. Pero eso va a cambiar. Por mi bien, debe cambiar. Cuando el otro día, en casa de los Dawkins se habló de literatura, me sentí ridícula, humillada. No conocía ninguno de los nombres de los autores que nombraron. Y eso debe cambiar. Hadrien puede y debe ayudarme, él lee mucho. Debe ayudar a su mujercita. Después de todo, siempre he tenido mucha imaginación. De niña estaba siempre en las nubes. Mi madre siempre decía que no imaginaba nada bueno. He sido presa de la frivolidad, pero eso debe cambiar. Quizás modificando mi forma de vivir, pueda amansar un poco mi carácter demasiado propenso a la cólera. Sé que Hadrien está harto de mis manías, de mis cambios de humor. Reconozco que soy una mujer difícil, algunas veces casi insoportable. El pobre Hadrien tiene mucha paciencia conmigo - así pensaba Liliane mientras se peinaba su liso y largo pelo frente al espejo de su habitación.
Se había levantado tarde. Pasó la noche junto con su amiga Victoria en una fiesta a la que no había asistido su marido. Oyó pasos que subían las escaleras. Era Hadrien que volvía del trabajo. Se dieron un beso frío, monótono.
- En la fiesta, todos me preguntaron por ti - dijo ella.
Hadrien no contestó nada. No era muy hablador y además estaba cansado.
- He decidido comenzar a leer - dijo Liliane, segura de que esa afirmación sorprendería a su marido.
Continuó callado, pensando que era otra más de las excentricidades de su mujer.
- Como yo no entiendo nada de libros, me gustaría, querido, que me recomendaras alguno para comenzar mi nueva afición - dijo con esa voz suave que usaba cuando quería conseguir algo.
- Ya sabes que tengo libros de sobra. Buscaré uno apropiado para ti - contestó.
A la mañana siguiente, domingo, buscó entre su extensa biblioteca. Decidió dejarle << La isla del tesoro. >> Liliane leyó la novela con avidez. Estaba obsesionada. Hadrien conocía a su mujer, y sabía que esa nueva manía por la lectura no sería demasiado duradera; ya se había obsesionado antes por las flores y se pasaba el día entero en el jardin regando y plantando. Tuvo muchas otras obsesiones que ya eran historia olvidada.
- Ya he terminado la novela. Me ha encantado. Creo que lo mío es la lectura. Me meto tan dentro de los personajes, que mi personalidad se transforma, y me convierto en el niño Jim Hawkins, en el pirata John Silver o en el loro Capitán Flint - le dijo a su marido dos días después.
-<< ¡ Piezas de a ocho, piezas de a ocho ! >> - gritó frente a su marido con una voz gutural que no parecía humana.
Con la segunda novela que leyó, enloqueció. Decía llamarse Gregorio Samsa. Se arrastraba por el suelo. Un día, al volver Hadrien del trabajo, no encontró a su mujer en casa. Llamó a los amigos, pero ninguno la había visto ni sabía dónde podía estar
Hacía varios días que Liliane había desaparecido. Soñó con la posibilidad de verse libre de ella. Anheló esa tranquilidad que había desaparecido de su vida desde que la conoció. Pasaban los días. Parecía que se la había tragado la tierra. Un día, al volver del trabajo, oyó ruidos en el sótano. Bajó para ver qué era. Afuera era de noche. Encendió la luz del sótano. En un rincón, junto a una vieja bicicleta, vio que había una cucaracha gigantesca, del tamaño de una persona. La ató con una cuerda y la obligó a subir las escaleras hasta el piso superior. Abrió un amplio ventanal. La cucaracha se negaba a asomarse a él. Cuando consiguió que sacara medio cuerpo fuera, le quitó la soga con la que la había atado y de un puntapie la arrojó al vacío. Cayó sobre algunas de las flores secas del descuidado jardin. Quedó irreconocible, un líquido oscuro y viscoso brotaba de su cuerpo.
Nadie se preocupó por la muerte de una cucaracha, aunque muchos se asombraron por su tamaño. Hadrien cerró el ventanal. Cogió la última novela que su mujer había leído y la besó. Se dispuso a ser feliz y a disfrutar de la tranquilidad que tanto amaba.

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Eladio Parreño Elías


17-AGOSTO-2011


Una historia fascinante como siempre...gracias por compartirla conmigo.
Besos y estrellas poeta.
 
Fascinante,estimado amigo mío, no es nada bueno obsesionarse porque mira lo que puede pasar; grandísimo relato, te felicito y dejo merecida reputación, tus relatos realmente me atrapan y fascinan, admiro la fuente inagotable de tu inspiración. Abrazos, siempre un placer leerte.
 
Mi estimado Dulcinista, me gustado muchisimo el relato, y me has dado una buena idea, jeje... desde ahora intentare motivar la lectura de Metamorfosis en alguna personilla jajaj. Un saludo, que estes bien.
 
Creo que me voy a poner a leer algún cuento infantil de mi sobrino, no vaya a ser que... aunque pensándolo bien, los cuentos infantiles también tienen su peligro... jajajaa.
Enorme, dulci, tienes el don de la prosa inteligente e interesante. Besos, amigo.
 
Creo que me voy a poner a leer algún cuento infantil de mi sobrino, no vaya a ser que... aunque pensándolo bien, los cuentos infantiles también tienen su peligro... jajajaa.<br>Enorme, dulci, tienes el don de la prosa inteligente e interesante. Besos, amigo.
 
- Me gusta leer, decididamente, adoro la literatura. Lo extraño es que no me haya dado cuenta hasta ahora. Por desgracia, he perdido demasiado tiempo visitando tiendas, interesándome tan solo por unos zapatos o vestidos de moda. Pero eso va a cambiar. Por mi bien, debe cambiar. Cuando el otro día, en casa de los Dawkins se habló de literatura, me sentí ridícula, humillada. No conocía ninguno de los nombres de los autores que nombraron. Y eso debe cambiar. Hadrien puede y debe ayudarme, él lee mucho. Debe ayudar a su mujercita. Después de todo, siempre he tenido mucha imaginación. De niña estaba siempre en las nubes. Mi madre siempre decía que no imaginaba nada bueno. He sido presa de la frivolidad, pero eso debe cambiar. Quizás modificando mi forma de vivir, pueda amansar un poco mi carácter demasiado propenso a la cólera. Sé que Hadrien está harto de mis manías, de mis cambios de humor. Reconozco que soy una mujer difícil, algunas veces casi insoportable. El pobre Hadrien tiene mucha paciencia conmigo - así pensaba Liliane mientras se peinaba su liso y largo pelo frente al espejo de su habitación.
Se había levantado tarde. Pasó la noche junto con su amiga Victoria en una fiesta a la que no había asistido su marido. Oyó pasos que subían las escaleras. Era Hadrien que volvía del trabajo. Se dieron un beso frío, monótono.
- En la fiesta, todos me preguntaron por ti - dijo ella.
Hadrien no contestó nada. No era muy hablador y además estaba cansado.
- He decidido comenzar a leer - dijo Liliane, segura de que esa afirmación sorprendería a su marido.
Continuó callado, pensando que era otra más de las excentricidades de su mujer.
- Como yo no entiendo nada de libros, me gustaría, querido, que me recomendaras alguno para comenzar mi nueva afición - dijo con esa voz suave que usaba cuando quería conseguir algo.
- Ya sabes que tengo libros de sobra. Buscaré uno apropiado para ti - contestó.
A la mañana siguiente, domingo, buscó entre su extensa biblioteca. Decidió dejarle << La isla del tesoro. >> Liliane leyó la novela con avidez. Estaba obsesionada. Hadrien conocía a su mujer, y sabía que esa nueva manía por la lectura no sería demasiado duradera; ya se había obsesionado antes por las flores y se pasaba el día entero en el jardin regando y plantando. Tuvo muchas otras obsesiones que ya eran historia olvidada.
- Ya he terminado la novela. Me ha encantado. Creo que lo mío es la lectura. Me meto tan dentro de los personajes, que mi personalidad se transforma, y me convierto en el niño Jim Hawkins, en el pirata John Silver o en el loro Capitán Flint - le dijo a su marido dos días después.
-<< ¡ Piezas de a ocho, piezas de a ocho ! >> - gritó frente a su marido con una voz gutural que no parecía humana.
Con la segunda novela que leyó, enloqueció. Decía llamarse Gregorio Samsa. Se arrastraba por el suelo. Un día, al volver Hadrien del trabajo, no encontró a su mujer en casa. Llamó a los amigos, pero ninguno la había visto ni sabía dónde podía estar
Hacía varios días que Liliane había desaparecido. Soñó con la posibilidad de verse libre de ella. Anheló esa tranquilidad que había desaparecido de su vida desde que la conoció. Pasaban los días. Parecía que se la había tragado la tierra. Un día, al volver del trabajo, oyó ruidos en el sótano. Bajó para ver qué era. Afuera era de noche. Encendió la luz del sótano. En un rincón, junto a una vieja bicicleta, vio que había una cucaracha gigantesca, del tamaño de una persona. La ató con una cuerda y la obligó a subir las escaleras hasta el piso superior. Abrió un amplio ventanal. La cucaracha se negaba a asomarse a él. Cuando consiguió que sacara medio cuerpo fuera, le quitó la soga con la que la había atado y de un puntapie la arrojó al vacío. Cayó sobre algunas de las flores secas del descuidado jardin. Quedó irreconocible, un líquido oscuro y viscoso brotaba de su cuerpo.
Nadie se preocupó por la muerte de una cucaracha, aunque muchos se asombraron por su tamaño. Hadrien cerró el ventanal. Cogió la última novela que su mujer había leído y la besó. Se dispuso a ser feliz y a disfrutar de la tranquilidad que tanto amaba.

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Eladio Parreño Elías


17-AGOSTO-2011


Admirable tu relato mi querido Dulcinista,
a mi me encanta la lectura pero casi nunca
me adentro tanto en el personaje,
y menos pra terminar convirtiendo en
el personaje de "Le metamorfósis",
Te dejo miles de estrellas a tu bello relato.
Besos
 
wouuu impresionante
definitivamente tratare de leer lo necesario
siempre es un verdadero placer poder leerle
mi querido dulcinista
felicitaciones desde México y un muy fuerte abrazooo
magnifico trabajo ;)
 
- Me gusta leer, decididamente, adoro la literatura. Lo extraño es que no me haya dado cuenta hasta ahora. Por desgracia, he perdido demasiado tiempo visitando tiendas, interesándome tan solo por unos zapatos o vestidos de moda. Pero eso va a cambiar. Por mi bien, debe cambiar. Cuando el otro día, en casa de los Dawkins se habló de literatura, me sentí ridícula, humillada. No conocía ninguno de los nombres de los autores que nombraron. Y eso debe cambiar. Hadrien puede y debe ayudarme, él lee mucho. Debe ayudar a su mujercita. Después de todo, siempre he tenido mucha imaginación. De niña estaba siempre en las nubes. Mi madre siempre decía que no imaginaba nada bueno. He sido presa de la frivolidad, pero eso debe cambiar. Quizás modificando mi forma de vivir, pueda amansar un poco mi carácter demasiado propenso a la cólera. Sé que Hadrien está harto de mis manías, de mis cambios de humor. Reconozco que soy una mujer difícil, algunas veces casi insoportable. El pobre Hadrien tiene mucha paciencia conmigo - así pensaba Liliane mientras se peinaba su liso y largo pelo frente al espejo de su habitación.
Se había levantado tarde. Pasó la noche junto con su amiga Victoria en una fiesta a la que no había asistido su marido. Oyó pasos que subían las escaleras. Era Hadrien que volvía del trabajo. Se dieron un beso frío, monótono.
- En la fiesta, todos me preguntaron por ti - dijo ella.
Hadrien no contestó nada. No era muy hablador y además estaba cansado.
- He decidido comenzar a leer - dijo Liliane, segura de que esa afirmación sorprendería a su marido.
Continuó callado, pensando que era otra más de las excentricidades de su mujer.
- Como yo no entiendo nada de libros, me gustaría, querido, que me recomendaras alguno para comenzar mi nueva afición - dijo con esa voz suave que usaba cuando quería conseguir algo.
- Ya sabes que tengo libros de sobra. Buscaré uno apropiado para ti - contestó.
A la mañana siguiente, domingo, buscó entre su extensa biblioteca. Decidió dejarle << La isla del tesoro. >> Liliane leyó la novela con avidez. Estaba obsesionada. Hadrien conocía a su mujer, y sabía que esa nueva manía por la lectura no sería demasiado duradera; ya se había obsesionado antes por las flores y se pasaba el día entero en el jardin regando y plantando. Tuvo muchas otras obsesiones que ya eran historia olvidada.
- Ya he terminado la novela. Me ha encantado. Creo que lo mío es la lectura. Me meto tan dentro de los personajes, que mi personalidad se transforma, y me convierto en el niño Jim Hawkins, en el pirata John Silver o en el loro Capitán Flint - le dijo a su marido dos días después.
-<< ¡ Piezas de a ocho, piezas de a ocho ! >> - gritó frente a su marido con una voz gutural que no parecía humana.
Con la segunda novela que leyó, enloqueció. Decía llamarse Gregorio Samsa. Se arrastraba por el suelo. Un día, al volver Hadrien del trabajo, no encontró a su mujer en casa. Llamó a los amigos, pero ninguno la había visto ni sabía dónde podía estar
Hacía varios días que Liliane había desaparecido. Soñó con la posibilidad de verse libre de ella. Anheló esa tranquilidad que había desaparecido de su vida desde que la conoció. Pasaban los días. Parecía que se la había tragado la tierra. Un día, al volver del trabajo, oyó ruidos en el sótano. Bajó para ver qué era. Afuera era de noche. Encendió la luz del sótano. En un rincón, junto a una vieja bicicleta, vio que había una cucaracha gigantesca, del tamaño de una persona. La ató con una cuerda y la obligó a subir las escaleras hasta el piso superior. Abrió un amplio ventanal. La cucaracha se negaba a asomarse a él. Cuando consiguió que sacara medio cuerpo fuera, le quitó la soga con la que la había atado y de un puntapie la arrojó al vacío. Cayó sobre algunas de las flores secas del descuidado jardin. Quedó irreconocible, un líquido oscuro y viscoso brotaba de su cuerpo.
Nadie se preocupó por la muerte de una cucaracha, aunque muchos se asombraron por su tamaño. Hadrien cerró el ventanal. Cogió la última novela que su mujer había leído y la besó. Se dispuso a ser feliz y a disfrutar de la tranquilidad que tanto amaba.

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Eladio Parreño Elías


17-AGOSTO-2011


muy buen relato, muchas gracias por enviarmelo!!, cual libro leyo al final? metamorfosis?
 
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