Adrián González Diez
Poeta recién llegado
La tarde se vuelve amable por un instante
alegrándote con una caricia sin tiempo.
La sombra de mi tacto
se deleita besando la corteza del pan
que se endureció
amando al viento.
Las conversaciones de las gaviotas
se alborotan por los disparos
del reloj del puerto.
La brisa blanca
guía mis pensamientos
que nadan en el vacío...
lleno de humanidad
y amor fraternal.
El polvo
habita sobre aquel tardío diario
hecho de cartas.
Las ratas no se lo comerán
pues han de odiar
el fuego y el mar.
Bajo las escaleras.
Una vez más
anhelo encontrar el pergamino
en el aniden mis existencias...
la orquídea siempre en flor,
el "susurro-verso-latido",
el transeúnte aroma de la felicidad.
alegrándote con una caricia sin tiempo.
La sombra de mi tacto
se deleita besando la corteza del pan
que se endureció
amando al viento.
Las conversaciones de las gaviotas
se alborotan por los disparos
del reloj del puerto.
La brisa blanca
guía mis pensamientos
que nadan en el vacío...
lleno de humanidad
y amor fraternal.
El polvo
habita sobre aquel tardío diario
hecho de cartas.
Las ratas no se lo comerán
pues han de odiar
el fuego y el mar.
Bajo las escaleras.
Una vez más
anhelo encontrar el pergamino
en el aniden mis existencias...
la orquídea siempre en flor,
el "susurro-verso-latido",
el transeúnte aroma de la felicidad.