Cae la lluvia fresca
sobre la selva del patio
y el tintineo de sus gotas
parecen raras notas
de un concierto desafinado,
donde cada acorde devela
el pentagrama de mi vida
sin fuerzas para evitarlo.
Yo, único expectador voluntario
de este idilio enamorado
entre la lluvia y el alma,
petrificado en mi ventana.
!Tanta soledad en ciernes
asusta a las aves que no cantan!
Y los árboles del patio
se encorvan consternados,
como si estuvieran tristes,
como si les pesaran las hojas,
como si estuvieran llorando.
Me abraza entonces la nostalgia
que alimenta mis suspiros
y se me pierde el cuerpo
entre la oscuridad del día
y la que tengo en el alma
sobre la selva del patio
y el tintineo de sus gotas
parecen raras notas
de un concierto desafinado,
donde cada acorde devela
el pentagrama de mi vida
sin fuerzas para evitarlo.
Yo, único expectador voluntario
de este idilio enamorado
entre la lluvia y el alma,
petrificado en mi ventana.
!Tanta soledad en ciernes
asusta a las aves que no cantan!
Y los árboles del patio
se encorvan consternados,
como si estuvieran tristes,
como si les pesaran las hojas,
como si estuvieran llorando.
Me abraza entonces la nostalgia
que alimenta mis suspiros
y se me pierde el cuerpo
entre la oscuridad del día
y la que tengo en el alma