nuna
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tras los velos del ocaso
y vestida de agua,
yace la luna sentada en el aíre
solemne y grácil,
el cielo se abre cual flor
y la gloria apoyada
sobre sus anchos balcones
pregona la paz del momento.
Revestidas de amor
desfilan las estrellas
presintiendo su sed de ternura,
y el mar alzando sus brillos
como ave de luz
suspendida en lo alto,
la acuna en sus brazos
esperando inquieto su caricia,
abrazados y en duermevela
se acurrucan sobre el alba,
que reafirmando el infinito instante
bendice el dulce idilio
de la luna y el amante.
NUNA.
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