Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Después y siempre atrás de lo que fluye
solo queda una mancha en el tamiz.
Fantasma atorado en el muro por no usar la puerta.
Un eco sin lobo.
Todos los verdes con los que nombramos el pasto.
Cucharadas de alfileres para matar al helminto
que roe el hambre sin digerir el hueco.
Un cráter del intento de salto sin paracaídas,
aleteo a cuatro muslos lepidópteros,
cenit no localizado entre las esquirlas archivadas.
Algo que de brillar sería una tajada de luna sin hueso
y no toneladas rotas de aire a pie.
Esqueletos sin colgar, perchas nudistas en la playa.
Pestañas que criban la arena de los ojos,
ráfagas de orillas apiladas.
La armonía de los túmulos que inventan la paz.
El sol tiende su alfombra
cuando el horizonte clausura su entrada.
Tira el remo, los brazos, la estrella de sheriff.
La sal enrosca su cascabel antes de morder al río.
También muerdo mi lengua siseante.
No sabe al veneno que sabemos.
No sabe a desidia. No sabe a lo que el óxido reúne.
No sabe.
Debí dispararle, pero no. Dulce y embustera.
Devolveré las cosas que atravesaron mi cendal
sin arrancarme un hijo, una confesión.
En prenda de la mancha dejo el perfume
de la sombra viva que me prestó la noche
cuando la insoportable luz me filtró al mundo.
solo queda una mancha en el tamiz.
Fantasma atorado en el muro por no usar la puerta.
Un eco sin lobo.
Todos los verdes con los que nombramos el pasto.
Cucharadas de alfileres para matar al helminto
que roe el hambre sin digerir el hueco.
Un cráter del intento de salto sin paracaídas,
aleteo a cuatro muslos lepidópteros,
cenit no localizado entre las esquirlas archivadas.
Algo que de brillar sería una tajada de luna sin hueso
y no toneladas rotas de aire a pie.
Esqueletos sin colgar, perchas nudistas en la playa.
Pestañas que criban la arena de los ojos,
ráfagas de orillas apiladas.
La armonía de los túmulos que inventan la paz.
El sol tiende su alfombra
cuando el horizonte clausura su entrada.
Tira el remo, los brazos, la estrella de sheriff.
La sal enrosca su cascabel antes de morder al río.
También muerdo mi lengua siseante.
No sabe al veneno que sabemos.
No sabe a desidia. No sabe a lo que el óxido reúne.
No sabe.
Debí dispararle, pero no. Dulce y embustera.
Devolveré las cosas que atravesaron mi cendal
sin arrancarme un hijo, una confesión.
En prenda de la mancha dejo el perfume
de la sombra viva que me prestó la noche
cuando la insoportable luz me filtró al mundo.
30 de marzo de 2025
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