LA MANDRÁGORA
Me naciste desde mis últimos estertores
mandrágora bicéfala
como un sacramento apócrifo
como un Caronte equivocado.
Absorbías la juventud que yo perdí
con la extraña equidistancia de lo impuro
Eras mi otro yo, el que siempre fue conmigo
oculto tras de mis sombras.
Eras la vergüenza dúplice de mi humana condición
ese destino irredento que nunca quise aceptar
la rémora por la que nunca fui yo
el que deseaba ser antes de ser nacido.
Condensabas las esencias de lo torvo,
de lo impuro en tu forma monstruosa y mineral
eras canon abyecto de lo grotesco, sólida polución
sin embargo, infinito es tu poder genesíaco.
Después de tí nunca conoceré la inocencia
desde tí hasta mis ojos un turbio velo se extiende
mandrágora venenosa, mi mismidad repugnante
excrecencia insoportable de mi naturaleza animal.
En la densa noche oscura te contemplo como a un ángel
tales son los resortes de tu magia, de tus azules lascivos
yaces junto a mí en el lecho de la sangre putrefacta
y repliegas tus alas de cuchillo evitando sus brillos asesinos.
Y me adormeces, flor maldita, con tu aroma putrefacto
y te acaricio, oh tu suavidad diabólica, y me calmas los ardores
de los fuegos de las pasiones que tú alzas
así muero entre tus grumos, lentamente, lentamente...
mandrágora bicéfala
como un sacramento apócrifo
como un Caronte equivocado.
Absorbías la juventud que yo perdí
con la extraña equidistancia de lo impuro
Eras mi otro yo, el que siempre fue conmigo
oculto tras de mis sombras.
Eras la vergüenza dúplice de mi humana condición
ese destino irredento que nunca quise aceptar
la rémora por la que nunca fui yo
el que deseaba ser antes de ser nacido.
Condensabas las esencias de lo torvo,
de lo impuro en tu forma monstruosa y mineral
eras canon abyecto de lo grotesco, sólida polución
sin embargo, infinito es tu poder genesíaco.
Después de tí nunca conoceré la inocencia
desde tí hasta mis ojos un turbio velo se extiende
mandrágora venenosa, mi mismidad repugnante
excrecencia insoportable de mi naturaleza animal.
En la densa noche oscura te contemplo como a un ángel
tales son los resortes de tu magia, de tus azules lascivos
yaces junto a mí en el lecho de la sangre putrefacta
y repliegas tus alas de cuchillo evitando sus brillos asesinos.
Y me adormeces, flor maldita, con tu aroma putrefacto
y te acaricio, oh tu suavidad diabólica, y me calmas los ardores
de los fuegos de las pasiones que tú alzas
así muero entre tus grumos, lentamente, lentamente...
Ilust.: Herbolario medieval. (de Google)