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La mano que conmina- alejandrinos

jmacgar

Poeta veterano en el portal
La mano que conmina

Cuando fabrico versos aprendiz soy de un arte
que como el arte, todo, tiene mucho de oficio
en el que alambicamos haciendo un artificio
¿el étimo no veis entre artificio y arte?

Cuando hago versos quiero llegar a alguna parte,
el soplo de mi musa busca siempre un inicio
y que rima y medida no estén fuera de quicio
mas en lo que resulta no tengo mucha parte,

porque lo que me brota como una idea clara
se me va de las manos por otro derrotero,
no importa si lo escribo con teclado o con mina,

lo cierto es que al final sucede, cosa rara,
que el poema obtenido no estaba en mi testero
pues más bien lo escribió la mano que conmina.
------------------
Las tripas de este poema:
Este soneto es un ejemplo de lo que digo en él; la idea matriz era hacer un soneto endecasílabo en el que quería expresar en cierta manera cómo entiendo yo mi poesía, pero desde el tercer endecasílabo se me empezó a “torcer la mano”, tanto técnicamente como en la idea matriz. Los primeros versos del borrador eran estos endecasílabos:
Cuando hago versos soy el aprendiz
de un arte y todo arte es un oficio
que tiene un fundamento: el artificio.

Entonces vi que si empataba el primer verso con el inicio del segundo me salía un alejandrino
Cuando hago versos soy el aprendiz de un arte
y decidí continuarlo en alejandrinos. Otro factor que influyó en lo que finalmente se convirtió este poema es que se me ocurrió en el primer cuarteto repetir la misma palabra rima del primer verso en el cuarto (arte) “por exigencias del guión”, pero luego quise seguir con el juego y continué repitiendo dos palabras rima más, una en el segundo cuarteto y otra en los tercetos con calambur incluido.

Y así, cambiando de endecasílabos a alejandrinos y modificando algo ese inicio con la introducción de rimas iguales continué, pero ya la idea no se desarrolló igual, es como si el continente hubiera modificado el contenido , que es lo que finalmente viene a decir este poema; Musador llamaría a esto, seguramente con palabras de Unamuno, como una especie de “mano de Dios” denominación con la que estaría de acuerdo siempre que la expresión “de Dios” sea tomada muy metafóricamente, claro, y es que en muchos de mis poemas hay una especie de “escritura automática” que no tiene nada de divina ni en el sentido religioso ni mucho menos, por supuesto, en el sentido estético.

Disculpen esta larga aclaración.

--------------------------
 
Última edición:
Gracias por este "metasoneto" tan sincero. Se empieza, en efecto, con un objetivo y se comienza a crear la obra; pero pronto la "creatura" cobra vida propia y, en cierto modo, se independiza de su creador. El capítulo 3 del Génesis se repite en cada poema. Pero en el campo de la creación artística, esto no es una desgracia sino, al contrario, parte del proceso natural. No es extraño que los antiguos lo atribuyeran a una influencia autónoma y externa al poeta (las Musas). Góngora mismo y sus contemporáneos hablan de una especie de dictado, que recuerda algo a la inspiración de los hagiógrafos judeocristianos, como si en vez de creadores fueran meros transcriptores:

Estas que me dictó, rimas sonoras, / culta sí aunque bucólica Talía (Góngora, Polifemo)

Pasos de un peregrino son, errante, / cuantos me dictó versos dulce Musa (Góngora, Soledades)

Díctame de tu espíritu elocuente [oh tú, Melpómene] (Bocángel, Fábula de Leandro y Hero)
 
Los caminos de la serendipia son inescrutables. Fíjate en Cecilia Gutiérrez, que empezó a con añadir un poquito de pintura en los desconchados del Ecce Homo y acabó poniendo a Borja en el mapa, en Broadway y en los prime time de medio mundo. Nunca se sabe cuando se va a producir una versión actualizada del milagro de los panes y los peces. Cualquier día empezamos con un Haiku y acabamos haciendo una versión de Paradise Lost, que como sabes, sobrepasa los diez mil versos escritos sin rima. Si te llegara a ocurrir, no lo presentes a clàsica competitiva, por caridad, que capaz que a Antonio le coge un parraque. Un saludo cordial.

Sí Luis, lo de Cecilia fue célebre; en las mesas de billar se llama a eso carambola; las carambolas se acercan tanto más a lo de Cecilia cuanto más torpe es el que juega; si un novato intenta meter una bola y le entran no una sino cuatro de rebote, eso es que ahí ha intervenido la serendipia directamente de la forma más pura; antes creo que le decíamos casualidad a eso, aunque la casualidad abarca más cosas, y creo que gracias a ella descubrió la señora Curie la penicilina.
Aunque yo este asunto lo enfocaría más a lo que algunos escritores de novelas dicen de sus personajes y es que "se les escapan", toman vida propia y terminan haciendo lo que les da la gana.

Gracias por pasar.

Saludos.
 
Gracias por este "metasoneto" tan sincero. Se empieza, en efecto, con un objetivo y se comienza a crear la obra; pero pronto la "creatura" cobra vida propia y, en cierto modo, se independiza de su creador. El capítulo 3 del Génesis se repite en cada poema. Pero en el campo de la creación artística, esto no es una desgracia sino, al contrario, parte del proceso natural. No es extraño que los antiguos lo atribuyeran a una influencia autónoma y externa al poeta (las Musas). Góngora mismo y sus contemporáneos hablan de una especie de dictado, que recuerda algo a la inspiración de los hagiógrafos judeocristianos, como si en vez de creadores fueran meros transcriptores:

Estas que me dictó, rimas sonoras, / culta sí aunque bucólica Talía (Góngora, Polifemo)

Pasos de un peregrino son, errante, / cuantos me dictó versos dulce Musa (Góngora, Soledades)

Díctame de tu espíritu elocuente [oh tú, Melpómene] (Bocángel, Fábula de Leandro y Hero)

Muy interesante tu comentario, Pablo. Muy bien traído eso de independizarse del creador, sí. Y tus citas muy apropiadas también; yo me remontaría incluso mucho más atrás, al comienzo de la Ilíada en donde Homero decía :
"Canta Oh Musa, la cólera del Pelida Aquiles...", o sea que ese clamar a las musas para que canten por nuestra voz viene de viejo.
De todas forma introduciría un matiz en eso; los poetas, aficionados o no, solemos clamar por ellas cuando nos sentimos poco inspirados; pero este no era el caso; yo tenía ya la inspiración de lo que quería hacer, pero hubo algo que me llevó por otro sitio; puede que sea mi propia musa, que es así de caprichosa, sí.

Saludo y gracias por pasar.
 
Última edición:
Claro, viene de lejos. Pero yo no creo que los poeta las invocasen sólo en momentos de debilidad (tampoco quería insinuarlo en tu caso). A ciertas alturas (desde luego en el siglo XVI-XVII) es más un recurso retórico que otra cosa (creo yo).
 
La mano que conmina

Cuando fabrico versos aprendiz soy de un arte
que como el arte, todo, tiene mucho de oficio
en el que alambicamos haciendo un artificio
¿el étimo no veis entre artificio y arte?

Cuando hago versos quiero llegar a alguna parte,
el soplo de mi musa busca siempre un inicio
y que rima y medida no estén fuera de quicio
mas en lo que resulta no tengo mucha parte,

porque lo que me brota como una idea clara
se me va de las manos por otro derrotero,
no importa si lo escribo con teclado o con mina,

lo cierto es que al final sucede, cosa rara,
que el poema obtenido no estaba en mi testero
pues más bien lo escribió la mano que conmina.
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Las tripas de este poema:
Este soneto es un ejemplo de lo que digo en él; la idea matriz era hacer un soneto endecasílabo en el que quería expresar en cierta manera cómo entiendo yo mi poesía, pero desde el tercer endecasílabo se me empezó a “torcer la mano”, tanto técnicamente como en la idea matriz. Los primeros versos del borrador eran estos endecasílabos:
Cuando hago versos soy el aprendiz
de un arte y todo arte es un oficio
que tiene un fundamento: el artificio.

Entonces vi que si empataba el primer verso con el inicio del segundo me salía un alejandrino
Cuando hago versos soy el aprendiz de un arte
y decidí continuarlo en alejandrinos. Otro factor que influyó en lo que finalmente se convirtió este poema es que se me ocurrió en el primer cuarteto repetir la misma palabra rima del primer verso en el cuarto (arte) “por exigencias del guión”, pero luego quise seguir con el juego y continué repitiendo dos palabras rima más, una en el segundo cuarteto y otra en los tercetos con calambur incluido.

Y así, cambiando de endecasílabos a alejandrinos y modificando algo ese inicio con la introducción de rimas iguales continué, pero ya la idea no se desarrolló igual, es como si el continente hubiera modificado el contenido , que es lo que finalmente viene a decir este poema; Musador llamaría a esto, seguramente con palabras de Unamuno, como una especie de “mano de Dios” denominación con la que estaría de acuerdo siempre que la expresión “de Dios” sea tomada muy metafóricamente, claro, y es que en muchos de mis poemas hay una especie de “escritura automática” que no tiene nada de divina ni en el sentido religioso ni mucho menos, por supuesto, en el sentido estético.

Disculpen esta larga aclaración.

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Sí, eso ocurre con cierta frecuencia. ¡Cuantas veces me ha ocurrido a mí! Tal parece que las musas imponen un arbitrio tan real que conminan al autor a someterse a sus sibilinos antojos. Es como una orden subrepticia y terca que nos compele a modificar una hoja de ruta preconcebida por el mero hecho de haber invadido su jurisdicción e invocado sus favores.
Sin que sea exactamente lo mismo, es como la imprevista irrupción en escena de aquellos seis personajes en busca de un autor de Luigi Pirandello.

Siempre sorprendente y siempre brillante.


Mi abrazo, compañero de versos.
 
Claro, viene de lejos. Pero yo no creo que los poeta las invocasen sólo en momentos de debilidad (tampoco quería insinuarlo en tu caso). A ciertas alturas (desde luego en el siglo XVI-XVII) es más un recurso retórico que otra cosa (creo yo).

No, no Pablo, en ningún momento pensé que lo dijeras por mí; yo decía que los poetas claman por las musas aquí, en esta casa donde son frecuentes los lamentos por falta de inspiración en versos en los que echan de menos a las musas; aquí sí que sucede eso, aunque no dudo que también haya algo de retórica como tú dices. Yo acababa mi respuesta diciéndote que "este no era el caso" pues mi inspiración estaba ya en mí desde que me senté; lo que sucede es que la ruta prevista para el poema se torció y se fué por donde se puede leer; de algun a forma pues es un metapoema que está describiendo lo que sucedió mientras componía este trabajo.

Gracias de nuevo; saludos.
 
Sí, eso ocurre con cierta frecuencia. ¡Cuantas veces me ha ocurrido a mí! Tal parece que las musas imponen un arbitrio tan real que conminan al autor a someterse a sus sibilinos antojos. Es como una orden subrepticia y terca que nos compele a modificar una hoja de ruta preconcebida por el mero hecho de haber invadido su jurisdicción e invocado sus favores.
Sin que sea exactamente lo mismo, es como la imprevista irrupción en escena de aquellos seis personajes en busca de un autor de Luigi Pirandello.

Siempre sorprendente y siempre brillante.


Mi abrazo, compañero de versos.

No sabes lo que me satisface que me acompañes en esta sensación que tengo en ocasiones de que hay una especie alter ego que se lleva el poema por donde le parece y, de la idea primigimia de lo que uno quería hacer, sale finalmente algo bien diferente. Muy bien traído lo de Pirandello y sus personajes en busca de autor. Me has hecho recordar también el "Esperando a Godot" de Beckett: ahí estaban esos dos absurdos personajes esperando todo el rato a que viniese un Godot que nunca terminaba de llegar. Creo que Hitchcok llamaba a eso Mcguffin.

Un abrazo y gracias por tu comentario.
 
No sabes lo que me satisface que me acompañes en esta sensación que tengo en ocasiones de que hay una especie alter ego que se lleva el poema por donde le parece y, de la idea primigimia de lo que uno quería hacer, sale finalmente algo bien diferente. Muy bien traído lo de Pirandello y sus personajes en busca de autor. Me has hecho recordar también el "Esperando a Godot" de Beckett: ahí estaban esos dos absurdos personajes esperando todo el rato a que viniese un Godot que nunca terminaba de llegar. Creo que Hitchcok llamaba a eso Mcguffin.

Un abrazo y gracias por tu comentario.

Nos faltó citar a Ionesco. El absurdo sirve a la causa literaria tanto como el hambre a las ganas de comer pero ni se te ocurra menospreciarlo: justifica el mito frente al relativismo feroz. Yo creo en las musas tanto como los niños en Alicia en el país de las maravilllas. O sea, como una entelequia inverosímil, una delicia irreal, fascinante y nutritiva.

Mi abrazo.
 
Última edición:
En tan erudita tertulia vengo yo a poner lo inevitable, siendo como soy argentino. Si te molestan las connotaciones teológicas de «la mano de Dios» dale su verdadero nombre: «la mano de Maradona».
abrazo
j.
 
En tan erudita tertulia vengo yo a poner lo inevitable, siendo como soy argentino. Si te molestan las connotaciones teológicas de «la mano de Dios» dale su verdadero nombre: «la mano de Maradona».
abrazo
j.

Esa mano dio gloria a tu país, Jorge. Nunca se habló tanto de una mano. Vale pues, podría aceptar la mano de Maradona para el caso.

Gracias por pasar.
 
Bueno, muy bueno como todos tus poemas, en cuanto abres, rotulador, boli o pluma.....¡que te voy a decir!, que quién sabe ,sabe;marga
La mano que conmina

Cuando fabrico versos aprendiz soy de un arte
que como el arte, todo, tiene mucho de oficio
en el que alambicamos haciendo un artificio
¿el étimo no veis entre artificio y arte?

Cuando hago versos quiero llegar a alguna parte,
el soplo de mi musa busca siempre un inicio
y que rima y medida no estén fuera de quicio
mas en lo que resulta no tengo mucha parte,

porque lo que me brota como una idea clara
se me va de las manos por otro derrotero,
no importa si lo escribo con teclado o con mina,

lo cierto es que al final sucede, cosa rara,
que el poema obtenido no estaba en mi testero
pues más bien lo escribió la mano que conmina.
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Las tripas de este poema:
Este soneto es un ejemplo de lo que digo en él; la idea matriz era hacer un soneto endecasílabo en el que quería expresar en cierta manera cómo entiendo yo mi poesía, pero desde el tercer endecasílabo se me empezó a “torcer la mano”, tanto técnicamente como en la idea matriz. Los primeros versos del borrador eran estos endecasílabos:
Cuando hago versos soy el aprendiz
de un arte y todo arte es un oficio
que tiene un fundamento: el artificio.

Entonces vi que si empataba el primer verso con el inicio del segundo me salía un alejandrino
Cuando hago versos soy el aprendiz de un arte
y decidí continuarlo en alejandrinos. Otro factor que influyó en lo que finalmente se convirtió este poema es que se me ocurrió en el primer cuarteto repetir la misma palabra rima del primer verso en el cuarto (arte) “por exigencias del guión”, pero luego quise seguir con el juego y continué repitiendo dos palabras rima más, una en el segundo cuarteto y otra en los tercetos con calambur incluido.

Y así, cambiando de endecasílabos a alejandrinos y modificando algo ese inicio con la introducción de rimas iguales continué, pero ya la idea no se desarrolló igual, es como si el continente hubiera modificado el contenido , que es lo que finalmente viene a decir este poema; Musador llamaría a esto, seguramente con palabras de Unamuno, como una especie de “mano de Dios” denominación con la que estaría de acuerdo siempre que la expresión “de Dios” sea tomada muy metafóricamente, claro, y es que en muchos de mis poemas hay una especie de “escritura automática” que no tiene nada de divina ni en el sentido religioso ni mucho menos, por supuesto, en el sentido estético.

Disculpen esta larga aclaración.

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