Aguila Albina.
Poeta recién llegado
Muchos corazones tienes, Asia,
y uno de ellos ha muerto,
la agonía de sus latidos
fue como el sonido
en los oídos del sordo,
y el quejido
en los labios del mudo.
¡Tú, oh mundo¡
te has cegado adrede
y no has visto
como el muerto no siente,
ni prevé el invidente
tu desventura
y tu desgracia.
Si eres inerte al vacío
que hace morada en tu pecho,
al latir de la nada
en un anima desgarrada
¿no sentirías, acaso,
en tus corazones la pérdida
o el lamento,
hendiendo el aire,
de mil hermanos en luto?
¿Acaso has ignorado
el gimoteo del mar Caspio
y las lágrimas del Baikal,
los sollozos
del Cáucaso,
o los suspiros de agua y piedra,
en toda ribera
y por toda Asia central?
¡Ah, ignorante mundo!
Bien hace
quien te maldice,
a ti que no ves,
que no oyes,
que no sientes
a tu corazón moribundo
clamando al expirar
los agravios de la muerte
y dolores del mar de Aral.
y uno de ellos ha muerto,
la agonía de sus latidos
fue como el sonido
en los oídos del sordo,
y el quejido
en los labios del mudo.
¡Tú, oh mundo¡
te has cegado adrede
y no has visto
como el muerto no siente,
ni prevé el invidente
tu desventura
y tu desgracia.
Si eres inerte al vacío
que hace morada en tu pecho,
al latir de la nada
en un anima desgarrada
¿no sentirías, acaso,
en tus corazones la pérdida
o el lamento,
hendiendo el aire,
de mil hermanos en luto?
¿Acaso has ignorado
el gimoteo del mar Caspio
y las lágrimas del Baikal,
los sollozos
del Cáucaso,
o los suspiros de agua y piedra,
en toda ribera
y por toda Asia central?
¡Ah, ignorante mundo!
Bien hace
quien te maldice,
a ti que no ves,
que no oyes,
que no sientes
a tu corazón moribundo
clamando al expirar
los agravios de la muerte
y dolores del mar de Aral.
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