malco
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Equipo Revista "Eco y latido"
La mujer que me gusta
La mujer que me gusta,
yo no le gusto
le gusta otro
y eso no me gusta.
La mujer que me gusta,
es la primavera,
delicada flor
inalcanzable,
prodigio sereno,
irrepetible criatura,
volátil ensueño,
silueta espectral,
alumbrada aparición.
La mujer que me gusta,
es granizo en el sofoco,
agua fresca del sediento deseo,
enredadera en la piel de mi inquietud,
alboroto de mis sentidos.
La mujer que me gusta,
yo no le gusto,
le gusta otro
y es mi culpa,
mi absoluta culpa,
¡Púes no sabe que me gusta!
La mujer que me gusta,
no sabe de mi existencia,
desconoce que conozco todo sobre ella,
sus amaneceres,
sus íntimos aromas,
sus dormidos silencios
el rastro invisible donde esconde sus secretos,
el tibio roce de sus caricias,
el fuego de verano de sus labios,
el lírico canto de su voz.
La mujer que me gusta,
esconde sus palabras en la vaguedad del desconcierto,
en el presentimiento de mi inexistencia,
en la leve brisa de mi pensamiento.
La mujer que me gusta,
impalpable imagen de atardeceres,
menguada cercanía de mi presencia,
aguacero de luces cuando la nombro,
tiembla con desconocida causa
en la sospecha incierta que existo.
La mujer que me gusta,
es libélula frágil de alas de cristal,
mensajera fatal de la desdicha
que corroe mi silencio.
La mujer que me gusta,
yo no le gusto,
le gusta otro,
y cuando la veo pasar con el otro
tiene razón de que no le guste
y eso no me gusta.
Y nunca podrá saber que me gusta,
y eso tampoco me gusta.
Malcoyo no le gusto
le gusta otro
y eso no me gusta.
La mujer que me gusta,
es la primavera,
delicada flor
inalcanzable,
prodigio sereno,
irrepetible criatura,
volátil ensueño,
silueta espectral,
alumbrada aparición.
La mujer que me gusta,
es granizo en el sofoco,
agua fresca del sediento deseo,
enredadera en la piel de mi inquietud,
alboroto de mis sentidos.
La mujer que me gusta,
yo no le gusto,
le gusta otro
y es mi culpa,
mi absoluta culpa,
¡Púes no sabe que me gusta!
La mujer que me gusta,
no sabe de mi existencia,
desconoce que conozco todo sobre ella,
sus amaneceres,
sus íntimos aromas,
sus dormidos silencios
el rastro invisible donde esconde sus secretos,
el tibio roce de sus caricias,
el fuego de verano de sus labios,
el lírico canto de su voz.
La mujer que me gusta,
esconde sus palabras en la vaguedad del desconcierto,
en el presentimiento de mi inexistencia,
en la leve brisa de mi pensamiento.
La mujer que me gusta,
impalpable imagen de atardeceres,
menguada cercanía de mi presencia,
aguacero de luces cuando la nombro,
tiembla con desconocida causa
en la sospecha incierta que existo.
La mujer que me gusta,
es libélula frágil de alas de cristal,
mensajera fatal de la desdicha
que corroe mi silencio.
La mujer que me gusta,
yo no le gusto,
le gusta otro,
y cuando la veo pasar con el otro
tiene razón de que no le guste
y eso no me gusta.
Y nunca podrá saber que me gusta,
y eso tampoco me gusta.
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