La noche cae en ti

Lucevelio

Surrealismo, realismo, terror.
Miembro del equipo
Moderadores
Moderador enseñante


La noche cae en ti
y soy testigo.
Le pena se va,
apareciendo aquello que no sucedió
en la hora clara.
No veo tersas tus palabras,
tan sólo el seno libre
y la cortina virgen tapando
la luz del planeta.
Y el abrazo surge
cual deseo de no pasar
sin el calor.
Por cuanto tu piel
y
mi piel son hojas vestidas de púrpura. Estamos
y te dejas,
así acontece. Se
consagra la marcha de nosotros dos,
los únicos seres holgados en una reunión natural.
Madera y barro,
juntos,
íntimos;
corriendo sin la culpa
de alguna caída o absurdo. Pues digo y has querido
ligarte a mis palabras
y a la situación específica.
Ahora los dos –más notables–,
Pasamos otras cumbres,
saltamos nuevas líneas,
tendimos nuestras faltas
y las olvidamos.
 

La noche cae en ti
y soy testigo.
Le pena se va,
apareciendo aquello que no sucedió
en la hora clara.
No veo tersas tus palabras,
tan sólo el seno libre
y la cortina virgen tapando
la luz del planeta.
Y el abrazo surge
cual deseo de no pasar
sin el calor.
Por cuanto tu piel
y
mi piel son hojas vestidas de púrpura. Estamos
y te dejas,
así acontece. Se
consagra la marcha de nosotros dos,
los únicos seres holgados en una reunión natural.
Madera y barro,
juntos,
íntimos;
corriendo sin la culpa
de alguna caída o absurdo. Pues digo y has querido
ligarte a mis palabras
y a la situación específica.
Ahora los dos –más notables–,
Pasamos otras cumbres,
saltamos nuevas líneas,
tendimos nuestras faltas
y las olvidamos.
Describir esa sintaxis de la noche entre telones candentes
de dos amantes que han alcanzado el transito de lo mas
elementar para sentarse en el olvido y comenzar.
excelente obra que es aurora de sentimientos.
magnifico. luzyabsenta
 

La noche cae en ti
y soy testigo.
Le pena se va,
apareciendo aquello que no sucedió
en la hora clara.
No veo tersas tus palabras,
tan sólo el seno libre
y la cortina virgen tapando
la luz del planeta.
Y el abrazo surge
cual deseo de no pasar
sin el calor.
Por cuanto tu piel
y
mi piel son hojas vestidas de púrpura. Estamos
y te dejas,
así acontece. Se
consagra la marcha de nosotros dos,
los únicos seres holgados en una reunión natural.
Madera y barro,
juntos,
íntimos;
corriendo sin la culpa
de alguna caída o absurdo. Pues digo y has querido
ligarte a mis palabras
y a la situación específica.
Ahora los dos –más notables–,
Pasamos otras cumbres,
saltamos nuevas líneas,
tendimos nuestras faltas
y las olvidamos.

Hermoso, Lucevelio. El cierre me resulta ejemplar. Muy bello:

Pasamos otras cumbres,
saltamos nuevas líneas,
tendimos nuestras faltas
y las olvidamos.
 

La noche cae en ti
y soy testigo.
Le pena se va,
apareciendo aquello que no sucedió
en la hora clara.
No veo tersas tus palabras,
tan sólo el seno libre
y la cortina virgen tapando
la luz del planeta.
Y el abrazo surge
cual deseo de no pasar
sin el calor.
Por cuanto tu piel
y
mi piel son hojas vestidas de púrpura. Estamos
y te dejas,
así acontece. Se
consagra la marcha de nosotros dos,
los únicos seres holgados en una reunión natural.
Madera y barro,
juntos,
íntimos;
corriendo sin la culpa
de alguna caída o absurdo. Pues digo y has querido
ligarte a mis palabras
y a la situación específica.
Ahora los dos –más notables–,
Pasamos otras cumbres,
saltamos nuevas líneas,
tendimos nuestras faltas
y las olvidamos.
Magnífico trabajo, Lucevelio. Hermoso momento donde la complicidad asume su mejor papel. Felicitaciones! feliz día, y hasta el próximo verso.
 
Describir esa sintaxis de la noche entre telones candentes
de dos amantes que han alcanzado el transito de lo mas
elementar para sentarse en el olvido y comenzar.
excelente obra que es aurora de sentimientos.
magnifico. luzyabsenta

Gracias LuzAbsenta. Es un modo erótico, sensual e impuesto por el surrealismo.
 

La noche cae en ti
y soy testigo.
Le pena se va,
apareciendo aquello que no sucedió
en la hora clara.
No veo tersas tus palabras,
tan sólo el seno libre
y la cortina virgen tapando
la luz del planeta.
Y el abrazo surge
cual deseo de no pasar
sin el calor.
Por cuanto tu piel
y
mi piel son hojas vestidas de púrpura. Estamos
y te dejas,
así acontece. Se
consagra la marcha de nosotros dos,
los únicos seres holgados en una reunión natural.
Madera y barro,
juntos,
íntimos;
corriendo sin la culpa
de alguna caída o absurdo. Pues digo y has querido
ligarte a mis palabras
y a la situación específica.
Ahora los dos –más notables–,
Pasamos otras cumbres,
saltamos nuevas líneas,
tendimos nuestras faltas
y las olvidamos.

Lucevelio, enhorabuena por tu obra, sensacional, genial, muy preciosa. Un placer leer... saludos.
 

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