BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tal cual es.
Bajo la incierta noguera,
te asientas, con tu pie descalzo.
La observas, te inquietas,
no puedes evitar sentir a la par,
amor y rechazo, recuerdos y memoria.
La abrazas, das vueltas a sus implacables
anillos, y la miras con más detenimiento.
Es la vieja noguera de siempre, con su sombra
habitual, que calienta el ánimo del viandante,
y no distingue de antiguas rencillas o conflictos
actuales.
La ves, la abarcas, le das un amor que, quizás,
ni ella misma se espera.
Te sientes bien por instantes, sintiendo
su dura y perfumada corteza, su extraña vitalidad
de años.
Y piensas que está bien que permanezca
en pie, que sea ella misma, fugaz y altiva,
etérea y volátil, casi un castillo o una fortaleza.
©
Bajo la incierta noguera,
te asientas, con tu pie descalzo.
La observas, te inquietas,
no puedes evitar sentir a la par,
amor y rechazo, recuerdos y memoria.
La abrazas, das vueltas a sus implacables
anillos, y la miras con más detenimiento.
Es la vieja noguera de siempre, con su sombra
habitual, que calienta el ánimo del viandante,
y no distingue de antiguas rencillas o conflictos
actuales.
La ves, la abarcas, le das un amor que, quizás,
ni ella misma se espera.
Te sientes bien por instantes, sintiendo
su dura y perfumada corteza, su extraña vitalidad
de años.
Y piensas que está bien que permanezca
en pie, que sea ella misma, fugaz y altiva,
etérea y volátil, casi un castillo o una fortaleza.
©