Fredmore
Romano Manfre More
Lo reconoce Argos, ya viejo y cansado,
sí, es Odiseo, es su amo que ha regresado.
Veinte años el horizonte oteando
todos los días paciente, esperando.
Es él, por fin ha llegado el momento
y entre sus brazos entrega su último aliento.
Es Odiseo, de la guerra de Troya triunfante,
héroe valeroso y de mucho aguante,
es de sus peligros y peripecias el final,
es la llegada a su Ítaca natal.
Como un pobre mendigo quiere parecer,
pero Argos, Telémaco y Penélope lo van a reconocer.
Atrás queda Troya y sus guerras azarosas,
atrás queda del mar las zozobras tempestuosas;
el país de Polifemo y los Cíclopes gigantes
de su oscura cueva la salida vigilantes;
es Posidón de las olas del mar agitador,
de su frágil nave implacable perseguidor;
son los vientos de Éolo, del odre sueltos, indetenibles;
son los hechizos de la Maga Circe, irresistibles,
es el canto de las Sirenas, su melodía,
que adormece e impide la travesía;
son de Calipso los mimos y el ruego mil veces repetido,
la inmortalidad le ofrece a cambio de un amor correspondido.
Pero su amor sincero, inquebrantable
está en Ítaca, es Penélope, esposa fiel inolvidable.
Es Minerva su diosa protectora a su lado
hasta a su tierra llegar salvo y a nado.
Es la patria, el hijo, su esposa, es su fidelidad,
es el descanso, el amor, la felicidad.
Éos, diosa de la aurora, extiende de la noche los amores
hasta después de los matinales albores.
sí, es Odiseo, es su amo que ha regresado.
Veinte años el horizonte oteando
todos los días paciente, esperando.
Es él, por fin ha llegado el momento
y entre sus brazos entrega su último aliento.
Es Odiseo, de la guerra de Troya triunfante,
héroe valeroso y de mucho aguante,
es de sus peligros y peripecias el final,
es la llegada a su Ítaca natal.
Como un pobre mendigo quiere parecer,
pero Argos, Telémaco y Penélope lo van a reconocer.
Atrás queda Troya y sus guerras azarosas,
atrás queda del mar las zozobras tempestuosas;
el país de Polifemo y los Cíclopes gigantes
de su oscura cueva la salida vigilantes;
es Posidón de las olas del mar agitador,
de su frágil nave implacable perseguidor;
son los vientos de Éolo, del odre sueltos, indetenibles;
son los hechizos de la Maga Circe, irresistibles,
es el canto de las Sirenas, su melodía,
que adormece e impide la travesía;
son de Calipso los mimos y el ruego mil veces repetido,
la inmortalidad le ofrece a cambio de un amor correspondido.
Pero su amor sincero, inquebrantable
está en Ítaca, es Penélope, esposa fiel inolvidable.
Es Minerva su diosa protectora a su lado
hasta a su tierra llegar salvo y a nado.
Es la patria, el hijo, su esposa, es su fidelidad,
es el descanso, el amor, la felicidad.
Éos, diosa de la aurora, extiende de la noche los amores
hasta después de los matinales albores.