licprof
Poeta fiel al portal
estaba enamorado de ti pero ese amor era vagamente imposible
realmente platònico, ni siquiera te dignabas mirarme
yo veìa como los turros revoloteaban alrededor tuyo
tal como aves de agùero malo, verdaderamente nefastas segùn los hados
inùtil era que te escribiera misivas misteriosas o poemas anònimos
tal era mi verguenza, mi timidez, mientras tanto te veìa salir
con mis contricantes ilusorios hàbilmente te seducìan mediante ciertos regalos:
una aguja, un cigarrillo, un auto de gama alta, sexuales juguetes y fantasìas
viciosos cìrculos y otras yerbas o menudencias: no podìa competir
era pobre, no tenìa una sola moneda partida al medio
bailaba medianamente bien en los penumbrosos salones
sin acondicionado aire adrede a los efectos de que consumieras caros brebajes
desplazàndonos en contra de las agujas del reloj (aunque ya nadie usaba relojes a cuerda)
me sentìa como un sandwich en esa ronda: el bailarìn de atràs me apuraba
en tanto que el de adelante insistìa en no moverse bailando en el lugar
y si lo pasaba tal como un auto en la ruta, se mostraba ofendido
no era raro que abundaran los codazos o habìa que tener cuidado con los codos femeninos
procurando no chocarse para evitar peleas en medio del bailongo
volviendo al tema: yo te miraba como a algo lejano eras quizàs la màs bella de aquel cìrculo
de aquel ambiente tanguero y milonguero reducido a unos pocos habituès
conformado de unos pocos profesionales y unos cuantos fracasados o aspirantes a serlo
pues solo unos pocos bailarines ganaban lo suficiente como para parar la olla
descubrì que uno solo no llega a ningùn lado. lo que vale es la pareja
de la misma forma que sucede con ciertos famosos cantores o cantantes con su orquesta
yo tambièn quisiera ser el guitarrista malo de gardel
pero no: debìa conformarme con mirarte desde lejos mientras bailabas con tus festejantes
por tu parte vos ni me mirabas: yo era unos màs del montòn
en virtud de mi falta de fama, de prestigio, de vestuario
sin embargo, una vez bailè contigo: sentì entonces que como un fuego dulce y hùmedo
atravesaba mi ser fluyendo como savia o sangre aquel fuego, aquella mùsica
comprendì entonces que siempre amarìa la mùsica, la poesìa, el arte, la danza, el gotàn
y que tu solo eras una platònica imagen de todo aquello
comprendì que estaba felizmente condenado a lo permanente, a lo que no muere nunca
y te olvidè para siempre, sabiendo que otras bellas me esperaban
y que el futuro era nuestro por prepotencia de trabajo, como sabiamente prologò arlt
y que pandemias y otras calamidades eran meros capìtulos de nuestra historia humana
afortunadamente estàbamos condenados a labrar pulir nuestro futuro
a pesar de la enfermedad y la muerte, debìamos desarrollar nuestro humano destino
compuesto de la unidad indisoluble de ètica y estètica, verdad y belleza
al cabo y al fin solo quedan los màs valiosos valores, nuestro legado y herencia
serìamos sobrevinientes de este cataclismo, debìamos predicar con el ejemplo
pero yo no quisiera obturar el sentido de este escrito, ni moralizar moralejas
la verdad es esta: nos miramos en el espejo y somos quienes somos
inùtil es mentirse autoengañarse
en definitiva: leeremos y escribiremos hermosos libros
en el balcòn al mediodìa bajo la ìntima solar luz ...
o bailaremos abrazados en las porteñas noches de luna llena
mientras el àvido vampiro triste golpea suavemente el vidrio de la ventana ...
realmente platònico, ni siquiera te dignabas mirarme
yo veìa como los turros revoloteaban alrededor tuyo
tal como aves de agùero malo, verdaderamente nefastas segùn los hados
inùtil era que te escribiera misivas misteriosas o poemas anònimos
tal era mi verguenza, mi timidez, mientras tanto te veìa salir
con mis contricantes ilusorios hàbilmente te seducìan mediante ciertos regalos:
una aguja, un cigarrillo, un auto de gama alta, sexuales juguetes y fantasìas
viciosos cìrculos y otras yerbas o menudencias: no podìa competir
era pobre, no tenìa una sola moneda partida al medio
bailaba medianamente bien en los penumbrosos salones
sin acondicionado aire adrede a los efectos de que consumieras caros brebajes
desplazàndonos en contra de las agujas del reloj (aunque ya nadie usaba relojes a cuerda)
me sentìa como un sandwich en esa ronda: el bailarìn de atràs me apuraba
en tanto que el de adelante insistìa en no moverse bailando en el lugar
y si lo pasaba tal como un auto en la ruta, se mostraba ofendido
no era raro que abundaran los codazos o habìa que tener cuidado con los codos femeninos
procurando no chocarse para evitar peleas en medio del bailongo
volviendo al tema: yo te miraba como a algo lejano eras quizàs la màs bella de aquel cìrculo
de aquel ambiente tanguero y milonguero reducido a unos pocos habituès
conformado de unos pocos profesionales y unos cuantos fracasados o aspirantes a serlo
pues solo unos pocos bailarines ganaban lo suficiente como para parar la olla
descubrì que uno solo no llega a ningùn lado. lo que vale es la pareja
de la misma forma que sucede con ciertos famosos cantores o cantantes con su orquesta
yo tambièn quisiera ser el guitarrista malo de gardel
pero no: debìa conformarme con mirarte desde lejos mientras bailabas con tus festejantes
por tu parte vos ni me mirabas: yo era unos màs del montòn
en virtud de mi falta de fama, de prestigio, de vestuario
sin embargo, una vez bailè contigo: sentì entonces que como un fuego dulce y hùmedo
atravesaba mi ser fluyendo como savia o sangre aquel fuego, aquella mùsica
comprendì entonces que siempre amarìa la mùsica, la poesìa, el arte, la danza, el gotàn
y que tu solo eras una platònica imagen de todo aquello
comprendì que estaba felizmente condenado a lo permanente, a lo que no muere nunca
y te olvidè para siempre, sabiendo que otras bellas me esperaban
y que el futuro era nuestro por prepotencia de trabajo, como sabiamente prologò arlt
y que pandemias y otras calamidades eran meros capìtulos de nuestra historia humana
afortunadamente estàbamos condenados a labrar pulir nuestro futuro
a pesar de la enfermedad y la muerte, debìamos desarrollar nuestro humano destino
compuesto de la unidad indisoluble de ètica y estètica, verdad y belleza
al cabo y al fin solo quedan los màs valiosos valores, nuestro legado y herencia
serìamos sobrevinientes de este cataclismo, debìamos predicar con el ejemplo
pero yo no quisiera obturar el sentido de este escrito, ni moralizar moralejas
la verdad es esta: nos miramos en el espejo y somos quienes somos
inùtil es mentirse autoengañarse
en definitiva: leeremos y escribiremos hermosos libros
en el balcòn al mediodìa bajo la ìntima solar luz ...
o bailaremos abrazados en las porteñas noches de luna llena
mientras el àvido vampiro triste golpea suavemente el vidrio de la ventana ...
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