a Daniel Villatorio Bardales
Fue necesario que llegaran los poetas,
con sus témperas y pinceles,
sus corceles y sus piedras,
brocha en mano la esperanza.
De la última rama del páramo
pendía un hilo de asfixia.
Y a la entrada del bosque
que había sido deshojado
se leía: " despacio, silencio en obra".
Fue necesario que llegaran los poetas,
con sus témperas y pinceles,
sus corceles y sus piedras,
brocha en mano la esperanza.
De la última rama del páramo
pendía un hilo de asfixia.
Y a la entrada del bosque
que había sido deshojado
se leía: " despacio, silencio en obra".
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