El ropero esta abierto
oscuro y callado.
Sus puertas abrazan el aire.
Los niños abandonaron sus juegos,
abandonaron el cuarto
y se quedo el ropero con su silencio.
Por el bacón alado
entra la luz y las voces tamizadas,
como si el velo de la distancia,
pusiera otro ritmo a los sonidos.
En el patio de dentro
la pileta tirita diluyéndose,
esperando siempre,
que los chiquillos la esparzan
por los ladrillos rojos
y los pequeños granados.
Ella me recuerda
a algunos de mis sentimientos,
inmóvil y al acecho,
con la paciencia envolviendo al cuerpo.
Pero su fin es ni principio,
agachada como la pileta.
oscuro y callado.
Sus puertas abrazan el aire.
Los niños abandonaron sus juegos,
abandonaron el cuarto
y se quedo el ropero con su silencio.
Por el bacón alado
entra la luz y las voces tamizadas,
como si el velo de la distancia,
pusiera otro ritmo a los sonidos.
En el patio de dentro
la pileta tirita diluyéndose,
esperando siempre,
que los chiquillos la esparzan
por los ladrillos rojos
y los pequeños granados.
Ella me recuerda
a algunos de mis sentimientos,
inmóvil y al acecho,
con la paciencia envolviendo al cuerpo.
Pero su fin es ni principio,
agachada como la pileta.