Erivan
Poeta recién llegado
Y estoy aquí entre las multitudes sintiéndome oprimida, sintiéndome nadie, entre las densas y populosas olas de indignos representantes del denominado raciocinio humano.
Estoy en el centro del derrumbe de una sociedad sumamente patética huyendo de lo común, queriendo sobresalir; deseando no ser como él, como ella como todos los demás que fácilmente caen ante la verba bien articulada de un cualquiera que sumirá a estas masas en ese temido donde sea.
Viendo venir el rechinar de dientes y corriendo en vía contraria a lo que creen es la escapatoria, en vía a ser testigo de la nueva extinción. De esa extinción temida que mata ideas, que suprime pensamientos, que lleva a la miseria el poco futuro que podemos, hasta ahora, ofrecerles a los nuevos hijos; que detiene el avance de aquellos que hoy inician a caminar.
Quiero salir, quiero gritar y tirarles a la cara la forma en la que diviso mi mundo en instarles a levantarse, a gritar junto conmigo a dar y exigir a crear un verdadero porvenir; y a no mentir.
Quisiera sacarles de sus negros sarcófagos de los que no salen, en los que morirán asfixiados; o bien ahogados en la misma podredumbre en la que se encuentran. Sacarlos de esos cómodos sitios, donde los que, sin compasión, son manejados para hacer brillar otras estrellas sobre otras cabezas no las de éstos hijos
Abran los ojos tontos embrutecidos, y desátense de esas asquerosas ataduras con las que felizmente viven. Porque ya es tiempo de dejar de caer con melodiosas artimañas; con dulces venenos que gustosos consumimos hasta saciarnos, luego de caer en sus planificadas artimañas y de pedir aún más.
A mí no me compran, al precio no me llegan, porque el precio no lo pagaré yo. Lo pagaran nuestros niños y los hijos de ellos a su vez. Nacerán vendidos a patrias sin nombres, a futuros correosos, tan oscuros como ver la noche con los ojos vendados.
No nos traguemos el dulce engaño para volver asquerosamente poderoso al que maneja el poder. no brilla el cristal, si dentro de podredumbre está.
Abramos los ojos y miremos cómo nos hundimos, cómo estamos en el último respiro de lo que me atrevo a llamar la puta vida.
Estoy en el centro del derrumbe de una sociedad sumamente patética huyendo de lo común, queriendo sobresalir; deseando no ser como él, como ella como todos los demás que fácilmente caen ante la verba bien articulada de un cualquiera que sumirá a estas masas en ese temido donde sea.
Viendo venir el rechinar de dientes y corriendo en vía contraria a lo que creen es la escapatoria, en vía a ser testigo de la nueva extinción. De esa extinción temida que mata ideas, que suprime pensamientos, que lleva a la miseria el poco futuro que podemos, hasta ahora, ofrecerles a los nuevos hijos; que detiene el avance de aquellos que hoy inician a caminar.
Quiero salir, quiero gritar y tirarles a la cara la forma en la que diviso mi mundo en instarles a levantarse, a gritar junto conmigo a dar y exigir a crear un verdadero porvenir; y a no mentir.
Quisiera sacarles de sus negros sarcófagos de los que no salen, en los que morirán asfixiados; o bien ahogados en la misma podredumbre en la que se encuentran. Sacarlos de esos cómodos sitios, donde los que, sin compasión, son manejados para hacer brillar otras estrellas sobre otras cabezas no las de éstos hijos
Abran los ojos tontos embrutecidos, y desátense de esas asquerosas ataduras con las que felizmente viven. Porque ya es tiempo de dejar de caer con melodiosas artimañas; con dulces venenos que gustosos consumimos hasta saciarnos, luego de caer en sus planificadas artimañas y de pedir aún más.
A mí no me compran, al precio no me llegan, porque el precio no lo pagaré yo. Lo pagaran nuestros niños y los hijos de ellos a su vez. Nacerán vendidos a patrias sin nombres, a futuros correosos, tan oscuros como ver la noche con los ojos vendados.
No nos traguemos el dulce engaño para volver asquerosamente poderoso al que maneja el poder. no brilla el cristal, si dentro de podredumbre está.
Abramos los ojos y miremos cómo nos hundimos, cómo estamos en el último respiro de lo que me atrevo a llamar la puta vida.

