Posado sobre restos de cultivos de una vieja granja, decía el cuervo que se sentía atrapado en una bóveda enorme, de dimensiones infinitas, donde el delirio no encontraba eco. Para él, no existía la felicidad, la soledad era en masa y la existencia una ironía divina.
Pero seguía dilatando su cuerpo en un afán egoísta de quitar todo y estar solo, de pertenecerse a sí mismo para no compartir con nadie el dolor que experimentaba. ¿Para qué quisiera estar en la tierra? -decía- si se convierte en fango impregnado de lágrimas y sangre, ahoga lo que es vida y pudre lo que es carne.
Una lluvia torrencial lo distrajo de su reflexión y voló sin saber qué rumbo tomar… repentinamente una luz asesina atravesó su cuerpo y con semblante apacible se dio cuenta que ésta le señaló el camino que estaba deseando seguir.
Pero seguía dilatando su cuerpo en un afán egoísta de quitar todo y estar solo, de pertenecerse a sí mismo para no compartir con nadie el dolor que experimentaba. ¿Para qué quisiera estar en la tierra? -decía- si se convierte en fango impregnado de lágrimas y sangre, ahoga lo que es vida y pudre lo que es carne.
Una lluvia torrencial lo distrajo de su reflexión y voló sin saber qué rumbo tomar… repentinamente una luz asesina atravesó su cuerpo y con semblante apacible se dio cuenta que ésta le señaló el camino que estaba deseando seguir.
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