danie
solo un pensamiento...
Todos tenemos rosas por dentro, algunas son frágiles y cristalinas como el vidrio y otras son simplemente de barro y greda, algunas son encomiables, pomposas y elegantes pero sumamente vulnerables a los sentimientos y las otras sencillas y humildes como los sudarios de un labrador de la tierra, tienen un armazón que las revisten frente a los venablos de la escarcha viajera.
Las primeras, las rosas con vidrios brillantes como zafiro, son vacías por dentro, apolíneas figuras de primavera que ante el primer invierno se marchitan y no germinan más, se astillan y se quiebran en la memoria perdida de un recuerdo, y solo dejan un cogollo que crese en la raíz del encono a una esperanza diluida con los sueños muertos.
Las otras, las de barro y greda, esculpidas por las manos humildes de los anhelos y los sueños, se acobijan del frío y del alud que desbarranca los caminos de la vida perpleja.
Todos tenemos rosas que germinan en nuestro pecho, algunas son de vidrios brillantes y otras de barro labrado con greda
Muchos pensarán cómo es posible que las rosas cristalinas y vacías sean más vulnerables a los momentos desoladores de un recuerdo, es que las rosas como todas las flores son endebles a las bruscas erosiones del tiempo, pero al ser vacías no hay nada que las protejan por dentro, y cuando se quiebran queda el corazón desnudo latiendo indefenso, las otras de barro y greda, no solo están revestidas por fuera, también las forjan desde adentro.
No echemos las culpa a las rosas que nacieron en nuestro pecho, es posible que al nacer todos tengamos las primeras rosas de vidrios brillantes como gemas pero ante el primer invierno mueren dejando una grieta en el corazón palpitante, una grieta que luego es labrada como un cauce por el río para formar las famosas y protectoras rosas de barro y greda.
Las primeras, las rosas con vidrios brillantes como zafiro, son vacías por dentro, apolíneas figuras de primavera que ante el primer invierno se marchitan y no germinan más, se astillan y se quiebran en la memoria perdida de un recuerdo, y solo dejan un cogollo que crese en la raíz del encono a una esperanza diluida con los sueños muertos.
Las otras, las de barro y greda, esculpidas por las manos humildes de los anhelos y los sueños, se acobijan del frío y del alud que desbarranca los caminos de la vida perpleja.
Todos tenemos rosas que germinan en nuestro pecho, algunas son de vidrios brillantes y otras de barro labrado con greda
Muchos pensarán cómo es posible que las rosas cristalinas y vacías sean más vulnerables a los momentos desoladores de un recuerdo, es que las rosas como todas las flores son endebles a las bruscas erosiones del tiempo, pero al ser vacías no hay nada que las protejan por dentro, y cuando se quiebran queda el corazón desnudo latiendo indefenso, las otras de barro y greda, no solo están revestidas por fuera, también las forjan desde adentro.
No echemos las culpa a las rosas que nacieron en nuestro pecho, es posible que al nacer todos tengamos las primeras rosas de vidrios brillantes como gemas pero ante el primer invierno mueren dejando una grieta en el corazón palpitante, una grieta que luego es labrada como un cauce por el río para formar las famosas y protectoras rosas de barro y greda.