A su presencia siembro yo el olvido,
no quiero su mirada, su palabra
ni recordar aquel ayer hoy muerto,
tan solo quiero a pies del viejo chopo,
mirar los ojos del azul del cielo,
oír el dulce canto del gorrión,
y percibir la brisa perfumada
besando mi desconsolada frente.
Bajo la sombra del longevo chopo
gozoso en no pensar, tan sólo siento
el esponjoso tacto del jardín
que me dormita el alma ya cansada
envejecida por amargos días
y dolorida por hiriente boca
en el que un día ciego yo tomé
mas nunca tuvo que besar la mía.
Sí mi buen árbol, vengo a cobijarme
a tus frondosas ramas enredadas
y ser acariciado por tus hojas
verdosas de reciente primavera
mientras el tiempo pasa sin descanso
acompañándole la tosca muerte
a quien no temo su visita fría
pues llevo muerto en vida muchos años.
Nunca pensé que todo acabaría
como termina el mar sobre la arena,
como la rosa queda sin su riego
y el cielo cuando apaga sus fulgores.
Las horas pasan y la sombra llega,
se estira el árbol sobre la fresca hierba
y riego la semilla del olvido
con lágrimas que no brotarán más.
A ti, mi buen amigo envejecido,
tú, que ya tienes el ramaje en flor
y al ruiseñor haciéndose su casa...
permite que mi corazón descanse
bajo el amparo de aromadas hojas
en cada ocaso y bello amanecer
mientras mantiene viva su esperanza
y aguarda enmudecido... a ser querido.
Luís
no quiero su mirada, su palabra
ni recordar aquel ayer hoy muerto,
tan solo quiero a pies del viejo chopo,
mirar los ojos del azul del cielo,
oír el dulce canto del gorrión,
y percibir la brisa perfumada
besando mi desconsolada frente.
Bajo la sombra del longevo chopo
gozoso en no pensar, tan sólo siento
el esponjoso tacto del jardín
que me dormita el alma ya cansada
envejecida por amargos días
y dolorida por hiriente boca
en el que un día ciego yo tomé
mas nunca tuvo que besar la mía.
Sí mi buen árbol, vengo a cobijarme
a tus frondosas ramas enredadas
y ser acariciado por tus hojas
verdosas de reciente primavera
mientras el tiempo pasa sin descanso
acompañándole la tosca muerte
a quien no temo su visita fría
pues llevo muerto en vida muchos años.
Nunca pensé que todo acabaría
como termina el mar sobre la arena,
como la rosa queda sin su riego
y el cielo cuando apaga sus fulgores.
Las horas pasan y la sombra llega,
se estira el árbol sobre la fresca hierba
y riego la semilla del olvido
con lágrimas que no brotarán más.
A ti, mi buen amigo envejecido,
tú, que ya tienes el ramaje en flor
y al ruiseñor haciéndose su casa...
permite que mi corazón descanse
bajo el amparo de aromadas hojas
en cada ocaso y bello amanecer
mientras mantiene viva su esperanza
y aguarda enmudecido... a ser querido.
Luís