Nommo
Poeta veterano en el portal
Si las aguas vuelven a su cauce,
y nos desembarazamos del Corona-Virus.
será merced al Amor por chopo,
álamo, sauce. Encina, roble, olivo.
De otro modo, sin aquietar
nuestra mente, con el propósito
de serenarla, apenas atisbaremos
la gran responsabilidad que supone
adueñarnos del mundo.
Pues la raza humana destila
proyectos muy fecundos,
pero a veces, tartamudea y afloja,
demasiado alegremente
sus alforjas, al bandolero en el camino.
Paga impuestos por el aire que respira.
Paga impuestos por el agua
que sale del subsuelo.
Siempre que puede, se arrodilla,
reza, gime, pide y teme.
¿ A qué viene tanto énfasis
en la idea de Valle de Lágrimas ?
¿ Por qué siempre, Purgatorio ?
¿ Para cuándo el cielo,
sobre la cabeza, a manera de corona,
o cornamenta de ciervo ?
La gente tiene Miedo,
ante lo desconocido,
y se figura que es, tal vez,
demasiado complejo, el O. V. N. I..
Quimeras y utopías, del viaje
inter-planetario e inter-estelar.
Leyes físicas del Cosmos,
que se nos escurren entre los dedos,
como el agua; pues nos falta la jarra.
¡ La jícara que las contendría !
y nos desembarazamos del Corona-Virus.
será merced al Amor por chopo,
álamo, sauce. Encina, roble, olivo.
De otro modo, sin aquietar
nuestra mente, con el propósito
de serenarla, apenas atisbaremos
la gran responsabilidad que supone
adueñarnos del mundo.
Pues la raza humana destila
proyectos muy fecundos,
pero a veces, tartamudea y afloja,
demasiado alegremente
sus alforjas, al bandolero en el camino.
Paga impuestos por el aire que respira.
Paga impuestos por el agua
que sale del subsuelo.
Siempre que puede, se arrodilla,
reza, gime, pide y teme.
¿ A qué viene tanto énfasis
en la idea de Valle de Lágrimas ?
¿ Por qué siempre, Purgatorio ?
¿ Para cuándo el cielo,
sobre la cabeza, a manera de corona,
o cornamenta de ciervo ?
La gente tiene Miedo,
ante lo desconocido,
y se figura que es, tal vez,
demasiado complejo, el O. V. N. I..
Quimeras y utopías, del viaje
inter-planetario e inter-estelar.
Leyes físicas del Cosmos,
que se nos escurren entre los dedos,
como el agua; pues nos falta la jarra.
¡ La jícara que las contendría !
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