Si tuviera que improvisar un título
sería éste: "Luciana Rubio, la tentación de versar".
Y es que de alguna forma la palabra
la convoca o viceversa,
áspera o sedeña,
a veces ensoñación otras hemorragia; ambrosía siempre.
Más que vértebra que debe ser depuesta: piedra caliente que exige ser lanzada.
Sí, la palabra: el goce anterior al deseo.
Por eso no importa si escribe
con el alma ambidiestra o los labios:
lo que vale es el embeleso
con el que afronta el mal
remunerado oficio
de gestionar la melancolía en sonetos.
Ahora mismo
la imagino admirando
las flores del lugar,
Pepe Castillo de fondo y una tisana
de hierbabuena apenas endulzada,
con los ojos fijos en la tormenta
de la sílaba siguiente.
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