Elisalle
Poetisa
LA SONRISA DEL GIRASOL
Es felicidad está en donde menos
se espera, en donde nunca se busca.
Salió de la oficina, cabizbaja y cargando una pena de esas que no importan tanto.
-No, a casa no voy, daré alguna una vuelta por allá- Ese “por allá” son las calles más lejanas del centro. Alisó su pelo y falda y ver qué pasa. En principio nada pero no tardó en llenarse de colores, de gentes a viva voz ofreciendo su mercancía; había de todo, ropa colgando en las calles como si estuviera en Fez-Marruecos, lo había leído alguna vez y ahora estaba en medio de un lugar parecido, en su misma ciudad, ese que no acostumbraba a visitar. Su corazón de color oscuro empezó a convertirse en prisma, era todo tan emotivo y visible para ella. Las cosas eran lindas, sencillas, alegres, económicas y algunas la tentaron porque se lo hubiera llevado todo pero en su monedero no había más. Cuando ya regresaba de su viaje del País de las Maravillas, desde una tienda muy pintoresca, un girasol como los de Rusia se puso enfrente de ella, era casi de su altura y sonreía, al ver su valor sonrió también, era comprable, algo quedaba y su carita café, rodeada de pétalos amarillos parecía decir: “Llévame, soy tuyo, estaba esperándote” ¡Sí! Era “su” girasol que ya estando en casa siguió sonriendo al lado de una planta ornamental que necesitaba color, tanto como lo necesitaba ella…
-No, a casa no voy, daré alguna una vuelta por allá- Ese “por allá” son las calles más lejanas del centro. Alisó su pelo y falda y ver qué pasa. En principio nada pero no tardó en llenarse de colores, de gentes a viva voz ofreciendo su mercancía; había de todo, ropa colgando en las calles como si estuviera en Fez-Marruecos, lo había leído alguna vez y ahora estaba en medio de un lugar parecido, en su misma ciudad, ese que no acostumbraba a visitar. Su corazón de color oscuro empezó a convertirse en prisma, era todo tan emotivo y visible para ella. Las cosas eran lindas, sencillas, alegres, económicas y algunas la tentaron porque se lo hubiera llevado todo pero en su monedero no había más. Cuando ya regresaba de su viaje del País de las Maravillas, desde una tienda muy pintoresca, un girasol como los de Rusia se puso enfrente de ella, era casi de su altura y sonreía, al ver su valor sonrió también, era comprable, algo quedaba y su carita café, rodeada de pétalos amarillos parecía decir: “Llévame, soy tuyo, estaba esperándote” ¡Sí! Era “su” girasol que ya estando en casa siguió sonriendo al lado de una planta ornamental que necesitaba color, tanto como lo necesitaba ella…
Margarita
30/10/2012
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