Cae la tarde dorada
al horizonte distante
y el sol, como fiel amante,
besa a una ola encrespada.
Antes que la madrugada
destruya su paz solana,
el sol al mar engalana;
se despide de la vida;
con la esperanza ceñida
de despertarla mañana.
Se va escondiendo la tarde,
y antes que desaparezca,
la vista más pintoresca
me regala en son de alarde.
Sabe que el corazón arde
ante su innata belleza;
que soy muy suyo y su presa;
que en su grandeza me escurro;
que alzo mi mano y susurro:
¡Hasta mañana princesa!