Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Lo escuché recitar mis entrañas
de una forma tan natural,
con la iluminación mesiánica de los profetas,
que, en ese primer momento, sus palabras
me dejaron desnuda.
Confundí el miedo a la desnudez
(el miedo de los oráculos que son encerrados
antes de que sean conscientes de que tienen un cuerpo)
con la ofensa,
ya que nadie había traducido mis entrañas antes
y el significado me abofeteó.
Entonces mi pelo se convirtió en los tentáculos
de todas las bestias marinas,
y mi piel,
en sal.
Ojos de la Gorgona que al fin ha comprendido
y conseguido amar
la monstruosidad que el Hombre nombró como algo pecaminoso.
El ruido de insectos cesó,
seguido
de sus sobredosis de psicofármacos aún por inventar
y de los fantasmas
acumulados en estas alas-tumores
a lo largo de vidas y muertes que se muerden
entre líneas de tiempos que jamás existieron.
El Profeta-Poeta engendró el silencio
cuando me obligó a descifrar las galaxias que flotaban
bajo mi vientre.
de una forma tan natural,
con la iluminación mesiánica de los profetas,
que, en ese primer momento, sus palabras
me dejaron desnuda.
Confundí el miedo a la desnudez
(el miedo de los oráculos que son encerrados
antes de que sean conscientes de que tienen un cuerpo)
con la ofensa,
ya que nadie había traducido mis entrañas antes
y el significado me abofeteó.
Entonces mi pelo se convirtió en los tentáculos
de todas las bestias marinas,
y mi piel,
en sal.
Ojos de la Gorgona que al fin ha comprendido
y conseguido amar
la monstruosidad que el Hombre nombró como algo pecaminoso.
El ruido de insectos cesó,
seguido
de sus sobredosis de psicofármacos aún por inventar
y de los fantasmas
acumulados en estas alas-tumores
a lo largo de vidas y muertes que se muerden
entre líneas de tiempos que jamás existieron.
El Profeta-Poeta engendró el silencio
cuando me obligó a descifrar las galaxias que flotaban
bajo mi vientre.
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