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La última piedra que cayó de la montaña

Chema Ysmer

Poeta que considera el portal su segunda casa
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La última piedra que cayó de la montaña al río

conserva recuerdos íntegros de su infancia,

de cuando aún era tan sólo un grano suelto en la playa

pisada por el hambre de enormes dinosaurios.

El cielo poco después fue quedándose más lejos

el espacio entre semejantes cada vez más estrecho

un amor a la fuerza como dirían algunos,

más rígido y profundo, llenándose de grietas,

de presiones altas y de fuegos inmensos,

de nostalgias, de un mar que en su origen

tuvo unos labios repletos con los que fue besando

una a una cada ola,

sus hijas derramadas a las que vio crecer

y llenarse de algodones verdes,

pesadumbres blancas, en las cimas,

olvidando los pasados dentro de un vientre húmedo

sin prisas;

pero ahora vuelven a caer, como niños

que se deslizan por esos toboganes de la historia

comunicada y constante, de nuevo en el agua,

tan pequeños, tan disgregados de razones de ser,

siendo otra vez piedra,

futura e ilimitada, repleta de raíces.






































 
Última edición:
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La última piedra que cayó de la montaña al río

conserva recuerdos íntegros de su infancia,

de cuando aún era tan sólo un grano suelto en la playa

pisada por el hambre de enormes dinosaurios.

El cielo poco después fue quedándose más lejos

el espacio entre semejantes cada vez más estrecho

un amor a la fuerza como dirían algunos,

más rígido y profundo, llenándose de grietas,

de presiones altas y de fuegos inmensos,

de nostalgias, de un mar que en su origen

tuvo unos labios repletos con los que fue besando

una a una cada ola,

sus hijas derramadas a las que vio crecer

y llenarse de algodones verdes,

pesadumbres blancas, en las cimas,

olvidando los pasados dentro de un vientre húmedo

sin prisas;

pero ahora vuelven a caer, como niños

que se deslizan por esos toboganes de la historia

comunicada y constante, de nuevo en el agua,

tan pequeños, tan disgregados de razones de ser,

siendo otra vez piedra,

futura e ilimitada, repleta de raíces.





































La última piedra que cayó de la montaña al río

conserva recuerdos íntegros de su infancia,

de cuando aún era tan sólo un grano suelto en la playa

pisada por el hambre de enormes dinosaurios.

El cielo después fue quedándose más lejos

el espacio entre semejantes cada vez más estrecho

un amor a la fuerza como dirían algunos,

más rígido y profundo, llenándose de grietas,

de presiones altas y de fuegos pequeños,

de nostalgias, de un mar que en su origen

tuvo unos inmensos labios con los que fue besando

una a una cada ola, sus hijas derramadas,

a las que vio crecer y llenarse de algodones verdes,

pesadumbres blancas en las cimas,

olvidando los pasados dentro de un vientre húmedo,

sin prisas;

pero ahora vuelven a caer, como niños

que se deslizan por esos toboganes de la historia

comunicada y constante, de nuevo en el agua,

tan pequeños, tan disgregados de razones de ser,

siendo otra vez piedra,

futura e ilimitada, repleta de raíces.

Éramos sueltas piedras...luego fuimos losas de granito...esperando un nuevo cataclismo que devore de nuevo nuestra unidad mineral...para comenzar un nuevo ciclo.
Gran poema Chema.
Felicitaciones.
Un abrazo
 
Me encanta!! ESTUPENDO... pero eres tú claro, ¿cómo no ha de serlo?

Quien te quiere en las piedras y hasta su arena, besos de margaritas,
Sobre todo en esa arena cálida y mullida que acaricia nuestro pies cuando caminamos por una playa al borde del mar que nos entrega su amor con cada ola. Besos y siempre más.
 

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