En el rincón de alguna sacristía
se consume una vela abandonada,
titilando, su llama queda en nada
igual que el corazón que la encendía.
Se apagará la mecha sola y fría
sobre la cera blanca y nacarada
y al dejar a la luz sin llamarada
se extinguirá el fulgor con que latía.
Empañando de lágrimas la tumba,
envuelve el triste cirio su destino
con el último fuego que alimenta,
y en alas de un arcángel peregrino
la vida, que apagada se derrumba,
será de nuevo tierra polvorienta.
PepeSori
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se consume una vela abandonada,
titilando, su llama queda en nada
igual que el corazón que la encendía.
Se apagará la mecha sola y fría
sobre la cera blanca y nacarada
y al dejar a la luz sin llamarada
se extinguirá el fulgor con que latía.
Empañando de lágrimas la tumba,
envuelve el triste cirio su destino
con el último fuego que alimenta,
y en alas de un arcángel peregrino
la vida, que apagada se derrumba,
será de nuevo tierra polvorienta.
PepeSori
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