La verdadera ayuda.

Cuando el enemigo quiso
enhebrar en mi piel
su oxidada aguja,
un ángel del Señor
le torció la mano,
y lo puso en fuga.

Por eso, mi seguridad,
la pongo en rezar,
sin memoria, a mi modo.
Yo sé que en la angustia,
rodeado por el mal,
no pelearé solo.



Asi es Luis, nunca estamos solos. A pesar de todo el Señor camina con nosotros!! Amen
Un gusto leerte.
 
Ayy Luís, la vida nos pone en situaciones difíciles, en trances de impotencia de tal naturaleza, que acudimos a la verdadera oración, aquella en la que habla el corazón con su sentimiento de espasmo y dolor... Hay algo más de lo que vemos, de lo que oímos y de lo que tocamos... Ayyy que me ha atrapado la lectura de tu bello y melancólico poema... me ha encantadoo. Besazos, estrellas y repu si me dejan.

Cuando el enemigo quiso
enhebrar en mi piel
su oxidada aguja,
un ángel del Señor
le torció la mano,
y lo puso en fuga.

Por eso, mi seguridad,
la pongo en rezar,
sin memoria, a mi modo.
Yo sé que en la angustia,
rodeado por el mal,
no pelearé solo.
 
Y es un arte estar en él, que hemos ido olvidando.

¡Precioso cultivar!

Gracias por compartir lo necesario, lo suficiente de ese Amor Supremo.

Cariños,
Yavy
 
Es la mejor medicina, la fe... pero siempre con ayuda de la aguja. Me gustan tus versos.

Si no existiera la aguja no habría fe. En el paraíso no hacía mucha falta. Cuando la desventaja es grande, ahí la fe nos empareja. Rodeado de amor, el hombre se olvida un poco de su fragilidad. En la soledad, vemos llegar ángeles aún disfrazados de fantasmas.
En lo mas profundo de cada uno, la fe fortalece.
Gracias por leerme.
 
Preciosa obra mi querido Luis.
Un placer leerte.
Me ha encantado.
Besos con cariño.
 

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